El arte como confesión de quien estudió la sociedad
Existe una paradoja incómoda en la vida académica latinoamericana: entre más profundo es el pensamiento de un investigador, más estrecho se vuelve el espacio permitido para expresarlo. Las universidades nos enseñan a compartimentar. Aquí la ciencia, allá el arte. Aquí la razón rigurosa, allá la intuición prohibida. Así vivieron generaciones de intelectuales en nuestra región, obligados a elegir entre ser científicos o creadores, como si ambas capacidades no pudieran coexistir en una misma persona.
Manuel Rojas Bolaños representa una ruptura con esa lógica mutilante. Tras décadas dedicado al análisis sociológico—disciplina que demanda precisión, distancia crítica, desapego emocional—el investigador costarricense ha decidido exhibir su obra en grabados en la Universidad de Costa Rica. No se trata de un capricho tardío ni de una nostalgia mal procesada. Es, más bien, la manifestación de una coherencia que la academia institucional raramente tolera: la idea de que quien observa la realidad social con rigor también necesita transformarla en lenguaje simbólico, en imagen, en gesto.
La sociología como punto de partida, no como destino
Los investigadores sociales de la generación de Rojas Bolaños—aquellos que desarrollaron su trabajo entre los años setenta y noventa en Centroamérica—enfrentaron contextos de turbulencia política que exigían toma de postura. Costa Rica, aunque menos convulsionada que Nicaragua o El Salvador, también vivía sus propias tensiones. Estudiar sociología en ese período no era un ejercicio neutral. Era, inevitablemente, un acto político.
Quienes se dedicaron a interpretar las dinámicas sociales con herramientas científicas desarrollaron una cierta frialdad profesional, una armadura metodológica necesaria para mantener credibilidad académica. Pero esa armadura tiene un costo. Limita los registros de la comunicación. Restringe las formas de decir la verdad. Un sociólogo, en su oficio, no puede gritar. No puede abstraerse. No puede permitirse la ambigüedad que caracteriza al arte.
La exposición de grabados de Rojas Bolaños sugiere que después de toda una vida conteniendo esa dimensión creativa, finalmente aflora. Y lo hace precisamente en la institución que lo formó: la UCR. Hay algo simbólicamente importante en esto. No busca validación fuera de la academia, sino dentro de ella. Como si dijera: «Aquí, en este espacio que me enseñó a pensar, también quiero mostrar cómo he sentido».
El grabado como escritura del inconsciente académico
El grabado es un arte peculiar. Requiere precisión técnica—como la investigación—pero también intuición y osadía. Cada línea es irreversible. Cada corte en la matriz es una decisión que no se puede deshacer. Quizás por eso resulta particularmente significativo que un sociólogo elija esta técnica para expresar lo que la sociología no captura.
En América Latina, el grabado ha sido históricamente el medio de los pensadores visuales comprometidos. Desde los muralistas mexicanos hasta los artistas contemporáneos que documentan realidades incómodas, el grabado mantiene una relación peculiar con la verdad social. Es más directo que la pintura, más accesible que la escultura, más democrático en su reproducción.
Una lección sobre la integridad intelectual
Lo que Rojas Bolaños hace al exhibir públicamente esta faceta creativa es, fundamentalmente, un acto de integridad. Reconoce que una persona no se agota en su función profesional. Que la misma mente que analiza estructuras sociales también produce símbolos. Que la investigación seria y la creación artística no son enemigos, sino lenguajes complementarios para entender lo real.
Para los académicos jóvenes de la región, este gesto importa. Muestra que es posible transgredir la compartimentalización sin perder rigor. Que la creatividad no es un lujo para después de la jubilación, sino una dimensión integral del pensamiento.
La exposición en la UCR no es solo una muestra de arte. Es una declaración de que la vida intelectual, cuando es auténtica, no cabe en categorías simples. Y eso, en una región donde todavía creemos en especialistas enlatados, resulta profundamente subversivo.
Información basada en reportes de: Nacion.com

