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Pantallas fuera del aula: México avanza en regulación de celulares en escuelas

El Estado de México cuenta ya con una base legal sólida para limitar el uso de dispositivos en clase. El desafío ahora es hacerla valer en todos los planteles.
Pantallas fuera del aula: México avanza en regulación de celulares en escuelas

Pantallas fuera del aula: México avanza en regulación de celulares en escuelas

El debate sobre el uso de celulares en las aulas acaba de escalar a nivel nacional. Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública, puso recientemente sobre la mesa la urgencia de regular estos dispositivos en los salones de clase. El dato es contundente: 81% del magisterio nacional apoya ponerle un freno a este distractor constante.

La cifra no sorprende a quienes viven el día a día en las escuelas. La batalla por recuperar la atención de los estudiantes frente a sus pantallas es agotadora. Los efectos son visibles: impactos en la salud mental, aislamiento social, ciberacoso y, sobre todo, una fragmentación creciente de la capacidad de concentración.

Estado de México ya tiene la ley en la mano

Mientras el país debatía, el Estado de México ya avanzaba. Desde hace tiempo cuenta con una base legal sólida que otros estados envidiarían: el artículo 61 Bis de la Ley de Educación Mexiquense. Este ordenamiento no se trata de una prohibición tajante, sino de una regulación inteligente.

La norma establece que el uso de teléfonos celulares y dispositivos electrónicos por parte de los estudiantes «quedará limitado exclusivamente a fines académicos o, en caso de emergencias personales, previa autorización expresa del personal docente o directivo». Además, promueve la participación corresponsable de padres y tutores en la prevención de riesgos derivados del uso desregulado de tecnología.

Desde una perspectiva jurídica, la redacción de esta reforma fue un acierto técnico. Otorga a los docentes el respaldo legal necesario para exigir concentración sin vulnerar el derecho legítimo de los estudiantes a usar la tecnología cuando la planeación pedagógica lo justifique.

El problema trasciende la educación básica

Pero aquí está el punto crítico que frecuentemente se pasa por alto: el problema no termina en primaria o secundaria. Quienes trabajan en educación media superior y universitaria saben que la dependencia tecnológica es aún más profunda en preparatorias y facultades.

Existe una creencia equivocada de que a los 18 o 20 años los universitarios ya saben autorregularse. La realidad es diferente. El celular está fracturando capacidades fundamentales: el análisis profundo, la lectura de comprensión, el debate de ideas y el pensamiento crítico. Estas habilidades son la columna vertebral de la vida universitaria, y están siendo erosionadas silenciosamente.

Las Escuelas Normales: un caso especial

Las Escuelas Normales del Estado de México merecen una reflexión aparte. Estos planteles son donde se forjan los futuros docentes de la entidad. Aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Con qué autoridad moral y pedagógica van a aplicar el artículo 61 Bis el día de mañana, si hoy, como alumnos normalistas, son incapaces de soltar el teléfono durante una cátedra?

En las Normales, la aplicación de esta ley debe vivirse con el doble de rigor. No por un afán punitivo, sino porque los futuros maestros deben aprender a gestionar la tecnología como una verdadera herramienta pedagógica. Más importante aún: van a tener que educar con el ejemplo, y ese ejemplo empieza ahora, en sus propias aulas.

Del papel a la realidad

El posicionamiento federal es acertado en el fondo, pero de nada servirá si se queda en el discurso o en el simple decomiso de aparatos. El Estado de México tiene ya el mandato legal escrito. El verdadero desafío que enfrentan ahora educadores y autoridades es hacerlo valer en cada plantel, en cada cátedra, en cada día lectivo.

La ley está lista. Ahora viene lo difícil: la aplicación consistente, la capacitación docente y el cambio de cultura que permita que las pantallas vuelvan a ser herramientas al servicio de la educación, y no obstáculos para ella.

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