Una vida dedicada al servicio: el legado de ‘Luchita’ en el Voluntariado IMSS
María de la Luz Carmona de Elizarraráz, conocida cariñosamente como «Luchita», dedicó más de cuatro décadas a una misión que definió su existencia: ayudar a quienes más lo necesitaban. Con 42 años de trayectoria altruista en el Voluntariado del IMSS, fue reconocida como la única «Voluntaria Diamante» a nivel nacional, un distinción que reflejaba no solo su experiencia, sino su inquebrantable compromiso con los valores de solidaridad, empatía y vocación.
La madrugada del jueves 27 de agosto, un infarto al corazón interrumpió una vida que había sido ejemplo constante de generosidad. Pero su legado permanecerá en los pasillos de hospitales, en las comunidades rurales que visitó y en el corazón de cada persona a quien tocó su mano solidaria durante cuatro décadas de servicio.
Del miedo inicial a convertirse en referente
«Luchita» ingresó al Voluntariado del IMSS en 1984, motivada por un altruismo innato que la caracterizaba. En sus propias palabras, recuerda esos primeros días con sinceridad: «Entré con miedo porque era una cosa nueva para mí y me fui acoplando poco a poco con las compañeras». Solo dos meses después de ponerse el uniforme de voluntaria por primera vez, ya era tesorera del Hospital de Especialidades del Centro Médico Siglo XXI.
Desde ese primer hospital, su trayectoria no paró. Recorrió todo el país visitando pacientes en instituciones de salud, impartiendo talleres sobre elaboración de artesanías y prevención de adicciones en comunidades rurales y reclusorios. Cada experiencia la transformaba, cada aprendizaje lo convertía en herramienta para servir mejor.
Una personalidad que inspiraba
Quienes la conocieron la describen como una mujer alegre y sociable, con voz fuerte y carácter escandaloso, pero profundamente solidaria. Más allá de su rol como tesorera, coordinadora, delegada voluntaria y tallerista, «Luchita» fue una mentora para las nuevas generaciones de voluntarias que se integraban al organismo del IMSS. Su testimonio de vida era su mejor lección.
«Sean responsables, trabajen en equipo, con respeto, ayuden y ayúdense», era el consejo que ofrecía a quienes recién comenzaban su camino en el voluntariado. Su filosofía de vida era simple pero profunda: «Estoy muy contenta y voy a seguir hasta que el de allá arriba nos diga hasta aquí llegaste». Y así lo hizo, sin descanso, sin queja.
Profesionalismo al servicio de la compasión
Licenciada en Contaduría, «Luchita» no se conformó con una sola disciplina. Estudió Psicología, Tanatología, macramé y danza. Cada conocimiento adquirido lo empleaba en beneficio de otros, enseñando y compartiendo. Recientemente, colaboró en el programa Soy Rosa IMSS, ayudando en la elaboración de prótesis mamarias para pacientes con cáncer de mama, demostrando que su vocación de servicio se adaptaba a las necesidades emergentes.
Su versatilidad y disposición la llevaron a participar en múltiples funciones dentro del Voluntariado bajo la dirección de la doctora Alejandra Aburto de Robledo, consolidándose como la voluntaria con mayor experiencia en la institución.
El IMSS, su razón de ser
Para «Luchita», el Instituto Mexicano del Seguro Social no era solo un lugar de trabajo: era su identidad. En una reflexión que resume su conexión profunda con la institución, expresó: «Yo nací en el Instituto Mexicano del Seguro Social y me voy a morir en el Instituto Mexicano del Seguro Social. El Instituto se inauguró en 1943, yo nací en 1944. Entonces para mí es todo».
Su motivación iba más allá de la institución misma. Deseaba ser un ejemplo para su hija, para sus dos nietos, y honrar la memoria de su esposo. Pero fundamentalmente, trabajaba para que los pacientes hospitalizados y sus familias tuvieran «algo de paz en los momentos difíciles».
Un legado que trasciende
Los valores que «Luchita» encarnó durante cuatro décadas —compromiso, honestidad, solidaridad, equidad, vocación y empatía— no desaparecen con su partida. Permanecen en cada voluntaria que continuará su labor, en cada paciente cuya vida fue tocada por su generosidad, en cada comunidad que recibió su enseñanza.
El Voluntariado del IMSS, organismo encargado de fomentar el bienestar de pacientes hospitalizados y familiares cuidadores, pierde a su referente más experimentado, pero gana un símbolo imperecedero de lo que significa servir con el corazón. «Luchita» se fue como vivió: trabajando por otros, dejando un camino iluminado para las generaciones que continúan su misión.