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Fracturas internas en Morena: ¿quién realmente controla el poder?

Análisis sobre las tensiones dentro del partido gobernante tras el regreso de Rubén Rocha Moya y la aparente falta de control de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Fracturas internas en Morena: ¿quién realmente controla el poder?

Las grietas del poder en Morena

El partido gobernante atraviesa una de sus crisis internas más profundas. Aunque públicamente condenaron el regreso del gobernador con licencia indefinida Rubén Rocha Moya, la realidad reveló algo más preocupante: una fractura evidente en la estructura de poder que cuestiona quién realmente toma las decisiones en la administración de Claudia Sheinbaum.

La supuesta unión de gobernadores, legisladores y funcionarios para presionar la salida de Rocha Moya expuso lo que muchos observadores temían: no se trató de un respaldo genuino a la presidenta, sino de maniobras de autopreservación política. Los actores involucrados parecen estar más enfocados en cubrirse las espaldas que en fortalecer el proyecto de la administración federal.

¿Quién mueve los hilos del poder?

Las investigaciones señalan la existencia de un personaje clave que continúa ejerciendo influencia desde las sombras. Este «Señor Oscuro» habría elegido a gobernadores y legisladores que, consecuentemente, responden a sus intereses y no necesariamente a la política interna de la Presidenta. Esta estructura de poder paralela explica por qué muchas decisiones importantes en Morena parecen escapar del control de Sheinbaum.

La presidenta enfrenta una realidad incómoda: hereda un sistema político tan contaminado y complejo que, incluso con el poder ejecutivo en sus manos, no logra ejercer control total. El cansancio es visible en su gestión cotidiana, y su discurso político parece haber sido arrebatado por fuerzas internas que operan de manera independiente.

El legado de la corrupción sistemática

La descomposición del poder en México no es un fenómeno reciente. El sistema que Sheinbaum heredó fue construido sobre complicidades de todo tipo: compromisos políticos, negocios cuestionables y relaciones con actores del crimen organizado. Esta red de corruptelas fue tan efectiva precisamente porque generó tanta complicidad que se volvió casi imposible de desmantelar.

El resultado es evidente: la delincuencia organizada ha tomado los hilos del poder en varios niveles, tanto federal como estatal y municipal. Para cambiar este panorama sería necesario un liderazgo capaz de romper completamente con estas estructuras, algo que hasta ahora no ha sucedido.

La incómoda verdad sobre el control presidencial

Un dicho popular señala que «el poder no se cuestiona, se ejerce». La pregunta que se plantea es: ¿por qué Sheinbaum no lo hace? Las respuestas posibles son igualmente preocupantes. Una es que simplemente no tiene el poder que aparenta tener. La otra es que, como muchos en su círculo político, también está vinculada a historias que preferiría no recordar públicamente.

No se trata solo de negocios. El «Señor Oscuro» ha sido documentado rescatando a figuras políticas en momentos críticos, como ocurrió con los casos del Rébsamen y la Línea 12 durante la administración de Sheinbaum en la Ciudad de México. Esos favores generan deudas políticas que persisten.

El caso de los médicos cubanos: explotación moderna

Un ejemplo reciente que ilustra esta dinámica es el programa de médicos cubanos. Se presentó ante la opinión pública como una iniciativa humanitaria para llevar servicios de salud a comunidades remotas y de alto riesgo. La realidad fue diferente.

México entregó 200 millones de pesos al gobierno cubano por un programa que traería 100 médicos. Sin embargo, investigaciones internacionales han documentado que Cuba opera un sofisticado esquema de explotación laboral. Los profesionales médicos cubanos son alquilados a otros países, mientras sus familias permanecen bajo vigilancia estricta en la isla.

Estos médicos reciben salarios de entre 20 a 40 dólares mensuales (aproximadamente 680 pesos) en Cuba, mientras el gobierno dictatorial cobra miles de millones de dólares por sus servicios. Además, en México se agregaron costos adicionales: techo, alimento, transporte gratuito y pago mensual.

El programa ejemplifica cómo los recursos federales mexicanos financian operaciones cuestionables con gobiernos autocráticos, y cómo la administración federal participa, voluntaria o involuntariamente, en esquemas de explotación laboral internacional.

El panorama futuro

Mientras El Universal y otros medios continúan documentando el costo real de las megaobras del sexenio anterior —muchas con sobrecostos significativos y sin evaluaciones reales de sustentabilidad— la pregunta central permanece sin respuesta: ¿recuperará Sheinbaum el control del aparato de gobierno que supuestamente dirige?

La evidencia sugiere que la «narco-política» y los «narco-gobiernos» continuarán siendo la marca distintiva de México en los niveles federal, estatal y municipal. El sello del poder seguirá siendo el mismo: un complejo entramado donde el verdadero control está fragmentado entre actores que responden a intereses diversos, frecuentemente contradictorios y, en muchos casos, criminales.

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