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Morena en crisis: la oportunidad de Sheinbaum para recuperar el control del movimiento

Mientras los morenistas se limitan a actos de visibilización, la presidenta enfrenta el gran reto de consolidar su liderazgo ante la fragmentación interna del partido.

La paradoja del activismo sin resultados

Los militantes de Morena continúan participando en actos de apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum bajo la consigna de no dejarla sola. Sin embargo, estas reuniones y asambleas informativas, aunque visibles mediáticamente, contrastan con la ausencia de acciones concretas para mejorar las comunidades que representan.

Mientras los morenistas se reúnen para expresar lealtad política, las comunidades que dicen defender enfrentan carencias fundamentales. No hay jornadas de atención social, ni impulso de políticas públicas que aborden los grandes retos que aquejan a la sociedad: la seguridad integral y el desarrollo económico quedan relegados a un segundo plano.

El patrón es claro: van a la foto, se visibilizan y se retiran. Cada uno por su cuenta, sin acciones coordinadas que generen cambio real. Esta dinámica revela una realidad incómoda: muchos de estos grupos no representan intereses colectivos, sino personales, buscando mantener relevancia política sin contribuir sustancialmente al bienestar social.

La fractura interna y la oportunidad presidencial

La reciente salida de Rubén Rocha Moya del escenario político ha expuesto las contradicciones profundas dentro de Morena. Lo que inicialmente pareció un acto de cinismo y desvergüenza, terminó funcionando como catalizador que unió al partido en contra de ciertos actores, evidenciando cuán frágil es la cohesión ideológica del movimiento.

Es en este contexto de crisis donde Sheinbaum encuentra una oportunidad histórica: recuperar no solo la narrativa, sino el control efectivo del movimiento. La debilitación de la influencia del exlíder abre un espacio que la presidenta puede aprovechar para reposicionar su autoridad.

El factor interés como pegamento político

Mientras la ideología se desmorona, un elemento permanece: el interés. Los actores políticos dentro de Morena, desligándose de sus antiguas lealtades, buscarán ahora asegurar su permanencia en el poder o minimizar daños. Este cálculo pragmático es precisamente lo que Sheinbaum puede utilizar como herramienta de control.

Si la presidenta actúa con precisión estratégica, puede condicionar el comportamiento de quienes aún dudan sobre sus verdaderas lealtades. El desgaste acumulado del partido, sumado a presiones externas y la gestión interna de conflictos, genera un escenario donde quien maneje mejor los hilos políticos prevalecerá.

El reto de la legitimidad

Para que Sheinbaum consolide su posición, debe ir más allá de la política interna. El desafío es transformar la percepción pública de Morena, limpiando lo que muchos describen como el estigma de ser un «narco partido». Esto solo será posible con acciones concretas que demuestren que el gobierno prioriza el bienestar social sobre los intereses particulares.

Los militantes de base, aquellos que participan en asambleas de defensa de la soberanía, también enfrentan un juicio. Su doble cara está expuesta: hablan de comunidad pero actúan por intereses personales. Sin contribuciones reales al cambio social, pierden credibilidad y se convierten en cómplices de la problemática que dicen combatir.

Lo que viene

La pinza se cierra. Con el respaldo norteamericano hacia figuras como Omar García Harfutch, las dinámicas políticas evolucionan. La venganza, como diría el refrán, es un platillo que se come frío, y quienes han actuado fuera de línea eventualmente enfrentarán consecuencias.

Sheinbaum tiene en sus manos la oportunidad de consolidar su liderazgo indiscutible. Si actúa con coherencia, podrá limpiar el mote de narco partido y posicionar a Morena como una fuerza política renovada. De lo contrario, seguirá siendo rehén de sus propias contradicciones.

Para la reflexión: «La ambición es el último refugio de todo fracaso» — Oscar Wilde.

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