El dilema de las tierras que desaparecen
A medida que avanza el año, una cumbre internacional sobre desertificación reúne a delegaciones de todo el mundo para abordar una crisis silenciosa pero devastadora: la pérdida acelerada de suelos productivos. Para Latinoamérica, esta conversación global tiene implicaciones profundas y urgentes que tocan directamente la seguridad alimentaria, el empleo rural y la estabilidad económica de millones de personas.
La región se enfrenta a un escenario paradójico y angustioso. Por una parte, fenómenos climáticos cada vez más extremos —sequías prolongadas, lluvias torrenciales impredecibles y el impacto del ciclo de El Niño— están degradando naturalmente vastas extensiones de tierra. Por la otra, el modelo económico que ha prevalecido durante décadas en muchos países latinoamericanos ha acelerado deliberadamente este deterioro. La expansión de monocultivos y la ganadería extensiva han transformado paisajes enteros, eliminando la biodiversidad y debilitando la estructura misma del suelo.
Cómo llegamos a este punto
Durante las últimas cuatro décadas, Latinoamérica experimentó una transformación agrícola radical. La promesa de desarrollo económico impulsó la conversión masiva de bosques y pastizales en campos de soja, maíz, palma aceitera y extensas pasturas para ganado. En países como Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia, estas prácticas generaron riqueza significativa para sectores específicos, pero con un costo ambiental acumulativo que ahora es imposible ignorar.
Los suelos, que tardaron siglos en formarse, se erosionan en años cuando se exponen continuamente al mismo cultivo, se compactan por maquinaria pesada o pierden su cubierta vegetal protectora. Cuando llueve intensamente, el agua barre la tierra fértil hacia ríos y lagos. Cuando hay sequía, lo que queda es polvo estéril.
El factor climático que complica todo
Lo que hace aún más urgente esta situación es que el cambio climático no está esperando a que los gobiernos elaboren políticas. Latinoamérica ya está pagando el precio. El fenómeno de El Niño intensificado, resultado del calentamiento global, ha provocado sequías históricas en la Amazonía, el Cerrado brasileño y el Chaco sudamericano. Simultáneamente, otras zonas enfrentan inundaciones catastróficas que también destruyen suelos y cosechas.
Para agricultores y ganaderos pequeños y medianos, especialmente en áreas rurales deprimidas, esto representa una encrucijada existencial. Muchos dependen de la tierra para subsistir, pero esa tierra se vuelve cada vez menos productiva. La tentación de exprimir más recursos del suelo —mediante mayor uso de agroquímicos, riego intensivo o expansión hacia tierras vírgenes— es comprensible pero insostenible.
¿Qué está en juego en estas negociaciones?
Las cumbres internacionales como la COP17 sobre desertificación podrían catalizar cambios de política. Sin embargo, enfrentan un desafío político complicado: ¿cómo pedir a países en desarrollo que protejan sus tierras cuando históricamente fueron los países industrializados quienes explotaron sus recursos sin restricción?
Latinoamérica busca financiamiento internacional para restaurar tierras degradadas, acceso a tecnologías limpias y reconocimiento de que la región es víctima tanto de su propia explotación como del cambio climático global que no creó. Algunos gobiernos también presionan por excepciones que permitan seguir expandiendo la frontera agrícola, argumentando que sus poblaciones necesitan empleo y que son productores de alimentos globales esenciales.
Las opciones reales para México y la región
Mientras tanto, en México y otros países latinoamericanos, científicos, agricultores innovadores y organizaciones ambientales exploran alternativas: rotación de cultivos, agroforestería, ganadería regenerativa y conservación de bosques nativos que protegen el suelo. Algunas iniciativas muestran resultados promisores, aunque requieren inversión inicial y cambio de mentalidad.
El verdadero desafío es político y económico. ¿Aceptarán gobiernos y sectores productivos transitar hacia modelos menos extractivos? ¿Tendrán los fondos internacionales para apoyar esta transición sin dejar en la pobreza a quienes dependen del sector agrario tradicional?
Las negociaciones internacionales son apenas el primer paso. Lo que realmente importa es lo que suceda después en campos y políticas locales de cada país latinoamericano.
Información basada en reportes de: Elespectador.com