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La fractura interna de Morena: García Harfutch y la apuesta estadounidense

El respaldo de Estados Unidos al secretario de Seguridad genera tensiones políticas dentro de Morena y expone divisiones sobre el control del poder en México.
La fractura interna de Morena: García Harfutch y la apuesta estadounidense

La fractura interna de Morena: García Harfutch y la apuesta estadounidense

La política mexicana atraviesa un momento de tensión interna sin precedentes. El secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfutch, se ha convertido en un punto de quiebre dentro de Morena tras recibir el respaldo explícito de Estados Unidos en un evento internacional de seguridad impulsado por la DEA en Argentina. Este reconocimiento marca un giro estratégico que expone las fracturas más profundas del proyecto político gobernante.

Una trayectoria marcada por la desconfianza

García Harfutch no llegó a su actual posición sin controversias. Su designación fue cuestionada incluso por sectores cercanos al poder. Su experiencia previa, que incluye trabajar con García Luna —exsecretario de Seguridad durante Felipe Calderón, posteriormente condenado en Estados Unidos por vínculos con la delincuencia organizada— generó serias dudas sobre su lealtad política.

Además, su rol como delegado federal en Guerrero durante el caso Ayotzinapa lo colocó en una posición incómoda. Harfutch manejó información de primera mano sobre uno de los casos más sensibles del país, en un estado donde operaban los Abarca —exfuncionarios ligados a células delictivas que recibieron apoyo de sectores de la anterior administración.

El choque con la estructura de poder interno

Desde su nombramiento como secretario de Seguridad, García Harfutch ha navegado contra corriente dentro del gobierno. Ha enfrentado oposición directa de gobiernos estatales y de operadores políticos incondicionales de la administración anterior que mantienen influencia en estructuras estatales. Esta resistencia no es casual: representa la pugna entre quiénes buscan recuperar el control de seguridad para el Estado y quiénes pretenden mantener el statu quo heredado.

Lo revelador es que la presidenta Claudia Sheinbaum parece estar entre dos fuegos. Su proyecto inicial de retomar los hilos del control de seguridad se ha visto limitado por una estructura delictiva y política enquistada en el gobierno que ha rebasado su capacidad de acción.

Estados Unidos toma posición

El reconocimiento internacional de García Harfutch por parte de Washington no es meramente diplomático. Representa una apuesta clara del gobierno estadounidense en la política interna mexicana. Este respaldo genera una pregunta incómoda: ¿el boleto del gobierno mexicano es realmente con la presidenta, o hay actores externos que están definiendo el rumbo de la seguridad nacional?

Este espaldarazo internacional abre una brecha significativa dentro de Morena. De un lado están quiénes respaldan a la presidenta Sheinbaum; del otro, quiénes mantienen lealtades con estructuras políticas y delictivas de la administración anterior. La incondicionalidad hacia estas últimas puede resultar en arrastre político para quiénes la mantengan.

El desgaste narrativo del gobierno

Paralelamente, el gobierno enfrenta un problema estratégico grave: ha perdido su narrativa política. La oposición, aunque débil y sin proyecto alternativo claro, ha optado por no confrontar directamente el discurso presidencial. Esta ausencia de diálogo político ha dejado al gobierno defendiendo posiciones cada vez más indefendibles, sin interlocutor que valide su mensaje.

La presidenta se encuentra obligada a defender estructuras que genera crítica social, mientras su popularidad y la de Morena descienden. El partido que ganó con una mínima mayoría ahora enfrenta erosión constante. La sociedad, cada vez más crispada y deprimida, no percibe elementos de desarrollo ni progreso real.

Las grietas en la coalición gobernante

La fractura dentro de Morena tiende a profundizarse. Cuando las estructuras de poder se debilitan, los actores políticos suelen buscar salvaguardas personales. El comportamiento de figuras como Gerardo Fernández Noroña será indicativo de si los políticos están dispuestos a comprometer su suerte por lealtades que se tambalean.

Sin narrativa fuerte, sin proyecto visible de mejora, y con divisiones internas sobre quién realmente controla la agenda de seguridad, el gobierno entra en territorio peligroso. La oposición, aunque desarticulada, tiene un punto a su favor: no está en la trinchera de los cuestionamientos sobre abuso de poder.

El show continúa, pero la sociedad sufre

La política mexicana sigue su curso con cambios de posiciones estratégicas. García Harfutch, respaldado internacionalmente, representa el lado que busca profesionalizar la seguridad. Pero esta apuesta enfrenta obstáculos estructurales que la presidenta parece incapaz de superar con sus acuerdos políticos internos.

Mientras tanto, la sociedad permanece en mediocridad. Sin alternativas claras en la oposición, sin recuperación real de seguridad desde el gobierno, México queda atrapado en una dinámica política donde el show continúa, pero el desarrollo se estanca. Las próximos meses definirán si Morena logra recomponerse o si, definitivamente, comienza su fractura irreversible.

«Toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia». Simón Bolívar

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