Martes, 8 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Traslado de urgencia: El caso que expone violencia dentro de cárceles mexicanasMovimiento feminista mexicano: arte y protesta en las calles de la capitalBarcelona emerge como epicentro europeo de innovación farmacéutica y saludPetro en México: diplomacia progresista y diálogos regionalesCuando la fe desafía la destrucción: el enigma de 1921 en la BasílicaNoruega pierde al monarca que reinventó la corona en tiempos de cambio¿Qué pasó con el Lula de los 90? Brasil y la encrucijada nicaragüenseBarcelona emerge como hub farmacéutico europeo, según ejecutiva internacionalTraslado de urgencia: El caso que expone violencia dentro de cárceles mexicanasMovimiento feminista mexicano: arte y protesta en las calles de la capitalBarcelona emerge como epicentro europeo de innovación farmacéutica y saludPetro en México: diplomacia progresista y diálogos regionalesCuando la fe desafía la destrucción: el enigma de 1921 en la BasílicaNoruega pierde al monarca que reinventó la corona en tiempos de cambio¿Qué pasó con el Lula de los 90? Brasil y la encrucijada nicaragüenseBarcelona emerge como hub farmacéutico europeo, según ejecutiva internacional

El juego de las ventajas arancelarias: ¿Quién paga el precio real?

La administración estadounidense advierte sobre un nuevo riesgo en el comercio global: países que actúan como intermediarios. ¿Qué significa esto para América Latina?
El juego de las ventajas arancelarias: ¿Quién paga el precio real?

El juego de las ventajas arancelarias: ¿Quién paga el precio real?

En el tablero del comercio internacional, los aranceles funcionan como fichas de poder. Y en los últimos días, desde Washington han lanzado una advertencia que merece ser analizada con cuidado: no todos los países pueden jugar con las mismas reglas, y menos aún convertir sus privilegios comerciales en un negocio para terceros.

La posición oficial es clara: tener acceso preferencial a los mercados estadounidenses no es un permiso para «alquilar» esa ventaja a otros competidores. Detrás de esta declaración hay una lógica económica que conviene entender, especialmente para países latinoamericanos que históricamente han navegado entre potencias buscando maximizar sus márgenes comerciales.

¿Qué significa «triangular» exportaciones?

Para los no iniciados en tecnicismos comerciales, la práctica de triangulación es relativamente simple: un país A obtiene un trato arancelario preferencial con Estados Unidos. Luego, un país B —que no tiene ese beneficio— envía sus productos a través del país A, quien los reexporta como si fueran propios, aprovechando las tarifas más bajas. El resultado: todos ganan menos quien debería ganar: el consumidor estadounidense y la economía que nunca llegó a competir lealmente.

Esta práctica no es nueva. De hecho, ha sido un tema recurrente en las negociaciones comerciales latinoamericanas durante décadas. Desde los tratados de libre comercio con Chile hasta los acuerdos bilaterales con Perú y Colombia, siempre ha estado la inquietud de cómo evitar que alguien más se «cuele» en la fiesta arancelaria.

El contexto de una nueva era comercial

Lo que distingue el momento actual es la firmeza con que se está enunciando esta posición. Ya no es una cláusula técnica escondida en un anexo de 500 páginas. Es una advertencia pública, con nombre y apellido, dirigida a gobiernos que podrían estar considerando estas prácticas. Y eso cambio de énfasis tiene consecuencias reales.

Para América Latina, esto presenta un dilema incómodo. Varios países de la región han construido parte de su competitividad sobre márgenes arancelarios reducidos. México, por ejemplo, ha sido beneficiario histórico de accesos preferenciales. Brasil ha negociado acuerdos específicos. Y ahora, todos estos países enfrentan una pregunta: ¿hasta dónde pueden optimizar sus ventajas sin cruzar la línea invisible que separa la estrategia comercial legítima de lo que Washington considera un abuso?

La tensión entre soberanía y presión comercial

Hay algo incómodo en esta advertencia que vale la pena examinar. Por un lado, la preocupación es legítima: los tratados comerciales tienen reglas de origen específicamente para evitar exactamente esto. Un producto debe estar suficientemente transformado en su país de origen para que ese país reclame los beneficios del acuerdo.

Pero por otro lado, esta presión aumentada puede interpretarse como una limitación a la capacidad de los gobiernos para negociar acuerdos secundarios o para usar creativamente las normas existentes. Es el viejo debate entre la letra de la ley y su espíritu.

Lo que está en juego no es solo comercio técnico. Es la arquitectura del poder económico global. Los países grandes pueden definir qué se considera «juego limpio». Los países medianos, como la mayoría en América Latina, deben decidir si aceptan esas reglas o si buscan alternativas.

¿Hacia dónde vamos?

La realidad es que esta vigilancia sobre prácticas comerciales será más estricta de ahora en adelante. Los gobiernos latinoamericanos que disfrutan de accesos preferenciales necesitan evaluar honestamente sus cadenas de suministro y sus procedimientos de certificación de origen. Las auditorías serán más frecuentes. Los cuestionamientos, más rápidos.

Lo prudente es ver esto no como una amenaza personal, sino como la claridad de una nueva regla del juego que, probablemente, era inevitable. El comercio internacional siempre busca regresar al equilibrio. Y si algunos jugadores estaban llevando ventajas ocultas, tarde o temprano eso sale a la luz.

La pregunta que cada país debe hacerse es simple: ¿puedo competir dentro de estas reglas más estrictas? Si la respuesta es no, entonces el problema no es la vigilancia ajena, sino la propia competitividad. Y ese es un diagnóstico que, aunque incómodo, es infinitamente más útil que culpar al arbitrador.

Información basada en reportes de: Www.df.cl

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →