Domingo, 6 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Detienen a cercano del famoso tarotista por muerte de colaborador televisivoRobo de carga en México: mercancías codiciadas y zonas de riesgoLos consultorios en farmacias: la puerta silenciosa que transformó el acceso médico en MéxicoMigrantes mexicanos en Europa: la paradoja del amor transnacionalLa paradoja migratoria: ¿cuándo la esperanza económica justifica el riesgo?Noruega pierde a su monarca: el legado ambiental de Harald VCambio de hora 2026: la frontera norte de México se prepara para atrasar relojesDe abogada a voz de la F1: el giro de carrera de Andersen en ArgentinaDetienen a cercano del famoso tarotista por muerte de colaborador televisivoRobo de carga en México: mercancías codiciadas y zonas de riesgoLos consultorios en farmacias: la puerta silenciosa que transformó el acceso médico en MéxicoMigrantes mexicanos en Europa: la paradoja del amor transnacionalLa paradoja migratoria: ¿cuándo la esperanza económica justifica el riesgo?Noruega pierde a su monarca: el legado ambiental de Harald VCambio de hora 2026: la frontera norte de México se prepara para atrasar relojesDe abogada a voz de la F1: el giro de carrera de Andersen en Argentina

El espejismo del crecimiento: cuando 1.5% no es noticia, es advertencia

La economía crece, pero a un ritmo que apenas supera la inflación. ¿Recuperación o estancamiento disfrazado?
El espejismo del crecimiento: cuando 1.5% no es noticia, es advertencia

El espejismo del crecimiento: cuando 1.5% no es noticia, es advertencia

Los números llegaron con fanfarria: 1.5% de crecimiento trimestral. En los comunicados oficiales, esto se presentó como evidencia de una economía que responde, que se recupera, que avanza. Pero quien se detiene a mirar más allá del titular descubre una realidad más incómoda: estamos ante un crecimiento que, francamente, apenas merece celebración.

Permítame ser directo: cuando una economía crece 1.5% en un trimestre, estamos hablando de aproximadamente 6% anualizado si se mantuviera el ritmo. Suena mejor dicho así, ¿verdad? Pero ese es exactamente el tipo de manipulación numérica que debemos rechazar como lectores críticos. La realidad es que vivimos en un contexto donde la inflación acumula tasas de dos dígitos en buena parte de Latinoamérica, donde el desempleo sigue siendo estructuralmente alto, y donde millones de personas aún no recuperan los ingresos previos a la crisis sanitaria.

Lo que el resumen de números revela, si sabemos leerlo correctamente, es una economía profundamente desequilibrada. Los servicios aportaron casi 0.9 puntos porcentuales de ese crecimiento: es decir, el 60% del impulso provino de un sector que, aunque importante, no genera empleos de calidad ni diversifica la base productiva. Estamos hablando de comercio, turismo, finanzas—actividades que en tiempos de crisis son las primeras en colapsar.

La industria manufacturera, ese motor histórico que debería estar jalando la economía hacia la modernización y la competitividad global, apenas contribuyó 0.5 puntos porcentuales. Y el sector agropecuario, prácticamente invisible con 0.1 pp. Estos números no son casualidad. Reflejan una estructura económica que sigue siendo vulnerable, dependiente y poco resiliente.

El contexto que importa

Para entender por qué este crecimiento no debería satisfacernos, hay que recordar dónde estábamos hace apenas dos años. La pandemia no fue un evento aislado; fue el catalizador que reveló las fragilidades de nuestras economías. La recuperación posterior, entonces, no debería medirse contra ese piso bajo, sino contra dónde necesitamos estar.

En contexto latinoamericano, estamos ante un patrón que ya hemos visto antes: recuperación lenta, desigual, que beneficia desproporcionadamente a quienes ya tienen. Los servicios crecen porque existe demanda de sectores de altos ingresos. La industria se estanca porque enfrenta competencia global sin herramientas suficientes de innovación y porque las cadenas de suministro globales aún no se normalizan completamente.

¿Y el sector agrícola? En un continente que alimenta al mundo, contribuir apenas 0.1 puntos porcentuales a un crecimiento trimestral es, francamente, un indicio de que algo está mal en nuestras prioridades económicas y de inversión.

Lo que no se dice en los números

Detrás de estos porcentajes hay historias que los titulares omiten: pequeños empresarios que siguen operando con márgenes de ganancia reducidos, trabajadores informales cuyo ingreso no alcanza para ahorrar, profesionales jóvenes que emigran porque no encuentran oportunidades acordes a su formación.

Un crecimiento económico real, significativo, debería reflejarse en mejoras tangibles en la calidad de vida. Salarios que crecen por encima de la inflación. Empleo que se formaliza. Acceso a servicios de educación y salud que se expande. Pero cuando el crecimiento es anémico y desigual, estos cambios no llegan para la mayoría.

La pregunta incómoda

Entonces, ¿qué celebramos realmente? ¿Que no caímos? ¿Que avanzamos un poco hacia adelante? En tiempos normales, eso sería insuficiente. En tiempos de crisis estructural, es claramente inadecuado.

Necesitamos un crecimiento que transforme, que diversifique, que genere oportunidades reales. Necesitamos que la industria recupere su brío, que la innovación sea motor de expansión, que los sectores productivos generen empleo de calidad. Necesitamos números que signifiquen algo en la vida cotidiana de las personas.

Mientras tanto, seguimos mirando números que crecen lentamente, mientras la realidad nos pide algo mucho más ambicioso.

Información basada en reportes de: El Financiero

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →