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¿Puede México convertirse en potencia de dispositivos médicos?

Con un mercado que casi se duplicará en una década, México apunta a ser hub regional. Pero hay preguntas incómodas sobre si el crecimiento beneficiará realmente a pacientes y startups locales.
¿Puede México convertirse en potencia de dispositivos médicos?

El sueño mexicano de los dispositivos médicos: ambición, números y señales de alerta

México está haciendo ruido en un sector que históricamente ha dominado Estados Unidos, Europa y Asia. Los números suenan prometedores: una industria de dispositivos médicos valuada en más de 8 mil millones de dólares en 2025, con proyecciones que la llevarían casi al doble hacia 2035. Es el tipo de narrativa que atrae inversión internacional y genera titulares optimistas. Pero como suele ocurrir en estos escenarios, es útil preguntarse: ¿qué hay debajo de estas cifras? ¿Quién realmente se beneficia? ¿Y por qué importa para alguien que no es inversionista?

El contexto: ¿por qué ahora?

México no está inventando nada nuevo en términos de ambición económica. Lo que ha cambiado son las condiciones globales. La pandemia aceleró la demanda de dispositivos médicos, dejó en evidencia las vulnerabilidades en las cadenas de suministro asiáticas, y los aranceles estadounidenses comenzaron a hacer menos atractiva la manufactura en China para algunos clientes. De repente, un país con proximidad a Estados Unidos, costos de producción competitivos, infraestructura industrial establecida y una creciente base de talento en ingeniería, se vuelve interesante para empresas que buscan diversificar.

La región latinoamericana en general necesita este tipo de industrias. No es glamoroso como desarrollar software o crear startups de inteligencia artificial, pero la manufactura de dispositivos médicos genera empleo calificado, atrae inversión extranjera directa, y potencialmente puede posicionar a México como un nodo importante en las cadenas de valor globales. Eso importa económicamente.

Lo que las cifras no dicen

Aquí es donde conviene ser escéptico. Un crecimiento proyectado de 8 mil a 14 mil millones de dólares en una década suena espectacular. Pero este tipo de pronósticos tienden a asumir que todo sale según lo planeado: que la estabilidad política se mantiene, que la inversión fluye sin interrupciones, que no hay crisis globales, que la educación técnica escala al ritmo necesario. La historia reciente de Latinoamérica sugiere que estos supuestos no siempre se cumplen.

Además, hay que preguntar cuánto de ese crecimiento se traduce en valor agregado local versus simple ensamblaje. ¿Estamos hablando de que México diseña, desarrolla y patenta nuevas soluciones médicas? ¿O de que principalmente manufactura componentes basados en especificaciones extranjeras? La diferencia es enorme en términos de innovación real y retención de talento.

El rol de Expo Med 2026

Eventos como este funcionan como vitrinas. Reúnen a fabricantes, distribuidores, proveedores de componentes y potenciales inversionistas en un mismo lugar. Sirven para networking, para mostrar capacidades locales, para atraer capital. México tiene un ecosistema de manufactura establecido en estados como Querétaro, Monterrey y Jalisco que ya trabaja con dispositivos médicos. Expo Med 2026 será un termómetro: veremos si realmente hay apetito internacional por lo que ofrecen, o si los números son más aspiracionales que reales.

Las preguntas sin responder

Lo que menos se discute en estos anuncios es el acceso local. Sí, México podría convertirse en exportador de dispositivos médicos de clase mundial. Pero ¿eso significa que los pacientes mexicanos tendrán mejor acceso a tecnología médica avanzada? Históricamente, los países que manufacturan para exportación no necesariamente disfrutan de los beneficios inmediatamente. Hay que vigilar que no ocurra aquí lo que ha pasado en otros sectores: producción sofisticada para el mundo exterior, mientras el sistema de salud local queda rezagado.

También está la cuestión de las startups locales. ¿Habrá espacio para que emprendedores mexicanos creen sus propios dispositivos, o este crecimiento será capturado principalmente por corporaciones multinacionales que usan a México como plataforma de manufactura? Ese es un detalle que define si estamos hablando de verdadera transformación económica o simplemente de un cambio en quién fabrica lo que otros diseñan.

Por qué esto importa más allá de México

Latinoamérica necesita modelos de desarrollo que vayan más allá de la exportación de commodities. Si México logra construir un ecosistema real de innovación en dispositivos médicos—con diseño, investigación, prototipos y manufactura—podría convertirse en referencia regional. Otros países de América Latina están observando. La pregunta no es solo si México puede hacerlo, sino si lo hará de una manera que beneficie realmente a trabajadores, innovadores y pacientes locales, no solo a inversores internacionales.

Los números son prometedores. Pero en economía, como en periodismo, siempre es prudente mirar la letra chica.

Información basada en reportes de: El Financiero

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