México apuesta por combustibles sostenibles en aviación
En un contexto donde la aviación comercial representa aproximadamente 2-3% de las emisiones de carbono globales, México empieza a transitar hacia soluciones más limpias. Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), la empresa estatal que gestiona la mayoría de terminales aéreas del país, ha puesto en marcha iniciativas para impulsar el uso de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF, por sus siglas en inglés), marcando un punto de inflexión en la estrategia de descarbonización del transporte aéreo nacional.
Esta apuesta responde a compromisos adquiridos tanto en acuerdos internacionales como en metas ambientales domésticas. Latinoamérica, como región que concentra la mayor biodiversidad del planeta, enfrenta presiones particulares por los efectos del cambio climático. La descarbonización del transporte aéreo no es un lujo ambiental, sino una necesidad urgente que afecta directamente la salud de ecosistemas y comunidades que dependen del equilibrio climático.
¿Qué son los combustibles sostenibles de aviación?
Los SAF son combustibles derivados de materias primas renovables como residuos agrícolas, aceites usados, algas o biomasa forestal. A diferencia del queroseno convencional, estos pueden reducir emisiones de carbono hasta en 80% durante su ciclo de vida. Su adopción no requiere modificar significativamente los motores existentes, lo que facilita su implementación gradual en flotas comerciales.
Para México, productor agrícola con sectores como palma, caña de azúcar y residuos forestales, el desarrollo de SAF abre oportunidades económicas. Podría generar cadenas de valor locales, desde la producción de materias primas hasta su procesamiento, creando empleos en zonas rurales y diversificando economías dependientes de monocultivos.
El contexto regional y global
La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) estableció en 2016 que el crecimiento neto de emisiones de carbono del sector aéreo internacional debe detenerse a partir de 2020. Aunque esta meta ya fue superada, las regulaciones se endurecen. Europa, mediante su acuerdo ReFuelEU, exigirá que para 2030 el 6% del combustible de aviación sea sostenible, incrementando a 70% para 2050.
Mientras tanto, en América Latina, apenas algunos países han iniciado pilotos serios. Colombia ha explorado SAF desde caña de azúcar; Brasil lidera con una industria de biocombustibles más madura. México llega posteriormente, pero tiene ventaja en disponibilidad de materias primas y posición geográfica como centro de conexiones aéreas internacionales.
Desafíos tangibles
La transición no es simple. Los SAF actualmente cuestan 2-3 veces más que el queroseno convencional. Las aerolíneas, bajo presión de márgenes ajustados post-pandemia, necesitan incentivos fiscales o regulaciones que hagan económicamente viable su adopción. En México, la industria aérea ya opera con márgenes comprimidos, y trasladar costos al pasajero es políticamente delicado.
Además, la cadena de suministro debe desarrollarse desde cero. Se requieren inversiones en plantas de procesamiento, certificaciones internacionales y acuerdos con productores agrícolas para garantizar volúmenes y trazabilidad. Sin financiamiento dedicado y políticas públicas claras, el riesgo es que esto quede en declaraciones de intención.
Oportunidad para la descarbonización integral
El movimiento de ASA hacia SAF es bienvenido, pero insuficiente como estrategia única. La descarbonización efectiva del transporte aéreo debe ser multidimensional: combustibles limpios, eficiencia operacional, modernización de flotas y, crucialmente, reducción de viajes innecesarios mediante digitalización.
Para Latinoamérica específicamente, esto representa una oportunidad de liderazgo. La región puede posicionarse como productora de SAF de calidad, exportando soluciones probadas a otros mercados. Simultáneamente, debe garantizar que estas iniciativas no generen deforestación o competencia desleal con alimentos.
Próximos pasos necesarios
El sector requiere claridad regulatoria, incentivos fiscales y coordinación entre ASA, aerolíneas y productores. Transparencia en metas concretas—cuánto SAF, en qué timeline, a qué costo—permitirá evaluar si esta es genuina transformación o solo relaciones públicas ambiental.
El cielo mexicano merece combustibles limpios. Las comunidades bajo rutas aéreas, donde la contaminación del aire impacta salud respiratoria, merecen esta transición. La pregunta ahora es si las palabras se convertirán en keroseno verde en los tanques de aviones reales.
Información basada en reportes de: Milenio