Morena: la fractura interna que define el futuro político de México
La alineación del grupo «Mexiquenses con Corazón», encabezado por el senador Higinio Martínez, hacia la dirección de Morena marca un hito importante: la consolidación de fuerzas internas que hasta hace poco amenazaban la cohesión del partido en el poder. Sin embargo, esta aparente unidad oculta una realidad más compleja: una pugna silenciosa pero decidida entre distintos centros de poder que buscan definir quiénes serán los candidatos para los próximos procesos electorales.
El control de candidaturas: quién decide en Morena
En el Estado de México, la maestra Delfi Desales emerge como una figura con considerable influencia en la selección de candidatos. Su control sobre la presidencia estatal de Morena le permite ejercer una cuota de poder que trasciende lo meramente administrativo. Las decisiones sobre quiénes serán postulados, quiénes permanecerán en posiciones clave y quiénes serán desplazados parecen transitar por sus recomendaciones, siempre que se alineen con los intereses de la cúpula nacional.
A nivel federal, la disputa es más abierta y potencialmente más decisiva. Por un lado está la presidenta Claudia Sheinbaum, cuyo peso político ha aumentado considerablemente desde su llegada a la presidencia. Por el otro, figura el expresidente Andrés Manuel López Obrador—el «Señor Oscuro» en la jerga de los analistas políticos—quien mantiene una omnipresencia en las decisiones del partido y se niega a ceder protagonismo en la política nacional.
Andy López: el proyecto de largo aliento
En este escenario de rivalidades, emerge una estrategia que parece trazada hace tiempo y avanza de forma sigilosa pero firme: la consolidación política de Andy López, hijo del expresidente. Según versiones que circulan en círculos cercanos al poder, el proyecto cuenta con etapas bien definidas.
Primero, convertir a Andy López en diputado federal para otorgarle inmunidad política y presencia legislativa. Segundo, y aquí es donde la apuesta se vuelve más audaz, proyectarlo hacia una gubernatura: específicamente la de Tabasco. El gobernador actual de esa entidad, Javier May Rodríguez, enfrenta una situación política complicada que podría acelerar su salida del cargo. Con el cambio de administración estatal programado para poco después de octubre próximo, cuando cumplirá dos años de gestión, abre la ventana para la llegada de un nuevo gobernador.
Si Andy López logra llegar a la gubernatura de Tabasco, el siguiente paso sería aún más ambicioso: la dirección nacional de Morena y, finalmente, la candidatura presidencial para 2030.
Sheinbaum responde: Omar García Harfutch en la jugada
La presidenta Sheinbaum no permanece pasiva ante esta estrategia. Su mejor pieza, según analistas cercanos a la política nacional, es Omar García Harfutch, actual secretario de Seguridad Pública. García Harfutch ha consolidado una imagen de gestor efectivo y cuenta, presuntamente, con el respaldo de sectores internacionales que lo ven como un interlocutor confiable. Esto lo posiciona como el candidato presidencial más probable desde la perspectiva de Sheinbaum para 2030.
El cinismo de las transacciones políticas
En este río revuelto, existen otras fuerzas cuyo papel no puede ignorarse. Muchos líderes morenistas provienen de otras organizaciones políticas y llegaron al partido movidos por cálculos pragmáticos. Estos políticos se caracterizan por su capacidad de «estirar la izquierda y la derecha», es decir, de aliarse con quien ofrezca el mejor precio. El senador Higinio Martínez aparentemente ya habría recibido promesas que lo convenzan de mantener sus espacios de poder actual, lo que explica su alineamiento con la estructura central.
El cinismo permea estas negociaciones. Mientras algunos líderes morenistas negocian en la penumbra, sonríen públicamente. Las decisiones se toman bajo la mesa, sin que el militante promedio sepa realmente qué está ocurriendo en la cúpula del partido.
La limpieza de imagen que no convence
Morena enfrenta una tarea titánica: intentar limpiar su imagen del mote de «partido narco». Para ello, dice disponer de herramientas como la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalización Hacendaria. Se supone que estos organismos palomearán la «honestidad» de los futuros candidatos. Sin embargo, la credibilidad de este proceso es cuestionable.
Si realmente existiera una fiscalización honesta y rigurosa, ya habrían sido encarcelados alcaldes, exalcaldes y diputados que se han enriquecido bajo el amparo de sus cargos públicos. Estos personajes han construido pequeños feudos en los municipios, convirtiéndose en «enanos reyezuelos» que controlan la política local. Su impunidad hasta ahora sugiere que la limpieza de imagen será más cosmética que sustancial.
Lo que viene: una batalla de dos años
Si estas historias de poder se cumplen como circulan en los pasillos de la política, Morena enfrentará una lucha interna fascinante en los próximos dos años. Las candidaturas estatales ya están siendo disputadas a «dos por uno», lo que significa que las negociaciones son frenéticas y los acuerdos frágiles.
Algunos aspirantes que soñaban con trascender políticamente podrían verse decepcionados. Otros, como Higinio Martínez, ya están seguros de mantener lo que tienen. Pero la verdadera batalla será entre dos visiones de futuro: la que representa Sheinbaum con García Harfutch, y la que impulsa López Obrador con su hijo.
«Cada mentira de un populista es una piedra que se añade al muro de la desconfianza», escribió Carrillo Navas. En Morena, ese muro se construye día a día.