Lunes, 7 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Chips, aranceles e imperio: cómo EEUU y China rediseñan las fronteras tecnológicasInvestigación por homicidio vinculado a músico: el rol de criptomonedasMéxico integra atención de diabetes, insuficiencia renal y enfermedades cardiacasSheinbaum cuestiona acercamiento entre Fox y liderazgo del PRIIA y poder: la paradoja que amenaza nuestras democraciasSalmonela: cuándo una infección común se convierte en riesgo mortalTensiones globales sacuden mercados latinoamericanos: el efecto dominó económicoEl libro de papel resiste: Contrapunto expande su imperio editorial en tiempos digitalesChips, aranceles e imperio: cómo EEUU y China rediseñan las fronteras tecnológicasInvestigación por homicidio vinculado a músico: el rol de criptomonedasMéxico integra atención de diabetes, insuficiencia renal y enfermedades cardiacasSheinbaum cuestiona acercamiento entre Fox y liderazgo del PRIIA y poder: la paradoja que amenaza nuestras democraciasSalmonela: cuándo una infección común se convierte en riesgo mortalTensiones globales sacuden mercados latinoamericanos: el efecto dominó económicoEl libro de papel resiste: Contrapunto expande su imperio editorial en tiempos digitales

Turquía juega al ajedrez global: cómo impacta su estrategia en América Latina

Ankara se posiciona como potencia mediadora entre potencias sin tomar bandos claros. ¿Qué significa esto para Uruguay y la región?
Turquía juega al ajedrez global: cómo impacta su estrategia en América Latina

El acto de equilibrista que define la política exterior turca

Mientras el mundo se polariza entre bloques antagónicos, Turquía ejecuta una maniobra diplomática arriesgada: mantener relaciones comerciales y políticas con actores que se consideran enemigos. Este juego de contrapesos tiene consecuencias concretas que alcanzan hasta Uruguay y el resto de América Latina, aunque muchos no lo noten aún.

La estrategia turca no es nueva, pero se ha intensificado en los últimos años. Ankara ha invertido recursos significativos en fortalecer su capacidad militar mientras simultáneamente se posiciona como mediadora en conflictos que podrían desencadenar confrontaciones globales. Esta posición dual genera oportunidades comerciales para países como el nuestro, pero también incertidumbre en un sistema internacional cada vez más frágil.

¿Por qué Turquía apuesta por ser el árbitro?

Geográficamente, Turquía ocupa una posición única: conecta Europa con Asia, el Mediterráneo con el Mar Negro, y sirve como puerta de entrada a Oriente Medio. Esta ubicación estratégica le permite ejercer influencia desproporcionada a su tamaño económico. Su población de 85 millones habitantes y su ejército de 355.000 soldados activos la convierten en un actor regional relevante, pero no lo suficientemente fuerte para dominar unilateralmente.

El gobierno de Ankara ha comprendido que su supervivencia depende de no alienarse completamente de ninguna potencia major. Por eso mantiene relaciones comerciales con Occidente (es miembro de la OTAN desde 1952), pero también profundiza vínculos económicos con Rusia e Irán. Este comportamiento, aunque frustrante para sus aliados tradicionales, refleja un cálculo racional de intereses nacionales.

La paradoja ucraniana: apoyo sin castigo

Un ejemplo concreto de esta ambigüedad es la posición turca respecto a Ucrania. Ankara ha proporcionado drones sofisticados a Kiev y facilitado negociaciones humanitarias, especialmente en temas de seguridad alimentaria. Sin embargo, se abstiene de suscribirse a las sanciones internacionales contra Moscú, permitiendo que el comercio bilateral continúe fluyendo.

Para Turquía, esto genera un beneficio económico claro: mientras Europa y Estados Unidos sacrifican relaciones comerciales por principios, Ankara obtiene acceso a energía rusa a precios competitivos. En 2023, aproximadamente el 45% del gas que consume proviene de Rusia, una dependencia que la sanciones occidentales no pueden permitirse eliminar sin colapsar su propia economía.

Implicaciones para Uruguay y América Latina

¿Qué tiene que ver esto con nuestro país? Más de lo que parece. A medida que Turquía consolida su rol como potencia mediadora, expande su influencia comercial en regiones donde tradicionalmente dominaban Estados Unidos y Europa. Ankara ha abierto embajadas en al menos 15 países latinoamericanos en la última década y ha invertido en infraestructura, agricultura y logística.

Para Uruguay específicamente, esta realidad presenta oportunidades y riesgos. Por un lado, un mundo multipolar donde nuevos actores como Turquía ganan relevancia podría diversificar nuestros socios comerciales y reducir la dependencia de mercados tradicionales. Uruguay exporta alrededor de 2.600 millones de dólares anuales en carne y derivados; nuevos mercados turcos y de la región de influencia turca podrían ser valiosos.

Por otro lado, si Turquía se convierte en un puente para que sanciones internacionales sean eludidas, o si sus alianzas volátiles generan inestabilidad regional, los pequeños países como el nuestro sufren desproporcionadamente. Un colapso económico en Oriente Medio afecta precios de energía; una ruptura en cadenas de suministro globales impacta nuestro comercio.

El fortalecimiento militar: ¿para qué?

La inversión turca en capacidades militares ($18.6 mil millones en 2023) no es accidental. Ankara enfrenta amenazas reales en su periferia: la inestabilidad siria, la ambición iraní, los movimientos kurdos y la rivalidad con Grecia en el Mediterráneo. Un ejército moderno le permite negociar desde una posición de fuerza.

Sin embargo, esta carrera armamentista también genera riesgos. Un accidente, un malentendido o un cambio político podría convertir el equilibrio frágil en conflicto abierto. Para países como Uruguay, insertados en un comercio global cada vez más vulnerable a shocks geopolíticos, estas dinámicas merecen atención.

¿Hacia dónde va todo esto?

Los próximos años serán críticos. Si Turquía logra mantener su posición de equilibrista, podría influir positivamente en resoluciones de conflictos. Si la estrategia falla y es obligada a elegir bandos, el mundo se polarizaría aún más. Para Uruguay, la recomendación es clara: diversificar, mantener relaciones pragmáticas con múltiples actores y no asumir que el orden internacional de las últimas décadas será permanente.

La geopolítica del siglo XXI no se define solo en Washington, Moscú o Bruselas. Ankara, Beijing, Nueva Delhi y otros actores menores pero estratégicos están redefiniendo las reglas. Los pequeños países que entiendan esto temprano tendrán ventajas competitivas. Los que no, sufrirán sorpresas desagradables.

Información basada en reportes de: Diario EL PAIS Uruguay

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →