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La crisis de ética en México: de la UNAM a la corrupción sistémica

El escándalo de admisiones en la UNAM revela un problema más profundo: una sociedad donde la trampa se ha normalizado en política, educación, deportes y justicia.
La crisis de ética en México: de la UNAM a la corrupción sistémica

La UNAM y el espejo de una sociedad sin honestidad

El reciente escándalo de admisiones en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se detectó trampa en la ejecución de los resultados que generó un número excedente de estudiantes aceptados para las diferentes carreras, va más allá de un simple problema administrativo. Expone una realidad incómoda: vivimos en una sociedad donde la corrupción y el aprovechamiento se han convertido en norma cultural, no en excepción.

El resultado es previsible cuando la institución educativa más prestigiosa del país sufre un golpe reputacional de esta magnitud. Pero la verdadera pregunta que debería hacerse es obligatoria: ¿a quién culpar? La respuesta no es cómoda, porque todos estamos implicados.

Generaciones educadas en la trampa

Durante años hemos aprendido a ser oportunistas, no oportunos. Esa diferencia crucial se refleja en cada aspecto de la vida nacional. Hemos normalizado que en política avance quien cometa más trampas, no quien sea honesto. La honestidad se ha convertido en sinónimo de ingenuidad, de estar fuera de la jugada, de no saber aprovechar.

¿Qué se puede esperar de generaciones que han crecido observando fraudes por todos lados? Padres que hackean, políticos que roban, maestros que no enseñan, policías que extorsionan, jueces que se venden al mejor postor. Todos cortados por la misma tijera. El mensaje es claro: si no lo haces tú, lo harán otros. Mejor que sea para ti.

Esta es una crisis de ética y moralidad que permea cada sector: salud, deporte, justicia, educación. Ya ni siquiera podemos confiar en un diagnóstico médico sin consultar a tres doctores. Si dos coinciden, eso es lo que tienes. El conocimiento se ha vuelto defectuoso o simplemente les importa poco.

El caso del deporte: donde los sueños se compran

En el fútbol profesional, un director técnico cobra miles de pesos por permitir que un joven con talento pero sin recursos debute. Por eso hay tantos «trabucos» en el nivel profesional y excelentes jugadores en los llanos. El sistema está diseñado para que el dinero, no el mérito, abra puertas.

De la gloria a la vergüenza: la UNAM en crisis

Hace años, la UNAM enfrentó una crisis de reputación diferente. Sus egresados no eran contratados porque los empleadores los consideraban revoltosos e incapaces académicamente. Las constantes huelgas y paros devoraban semestres. La autoridad, sin opciones, dejaba pasar a estudiantes que no estaban listos. Surgió una generación de profesionistas defectuosos que no alcanzaban los estándares requeridos.

Con el tiempo, la institución se recuperó. Poco a poco reconstruyó su prestigio mediante trabajo constante. Sus profesionistas volvieron a ser valorados. Pero ese prestigio laboriosamente ganado ahora está nuevamente manchado por acciones deshonestas.

La ironía es que ni siquiera las nuevas universidades públicas creadas en años recientes —como la Universidad Rosario Castellanos o la Universidad Benito Juárez— lograron competir. El prestigio no se construye por decreto ni de la noche a la mañana. Requiere una constante de trabajo que otorgue valor social y académico real. Algunos cuestionan si estas instituciones aún existen o solo sirvieron para justificar gastos.

¿Dónde está el ejemplo a seguir?

La pregunta fundamental es triste pero necesaria: ¿a quién seguir como ejemplo para lograr superación bajo honestidad y verdad? No hay respuesta porque ese ejemplo simplemente no existe en nuestras estructuras públicas y privadas.

Si la educación está en manos de maestros atados de pies y manos, sin capacidad de enseñar realmente. Si la policía y la justicia están comprometidas. Si los políticos y empresarios compiten por robar más. Si los padres delegan la formación moral a la tecnología. ¿Qué sociedad estamos construyendo?

El rescate debe empezar en casa

Recapitular qué hacemos con nuestros hijos es urgente si queremos una sociedad más justa, honesta y transparente. Hoy es difícil, pero hay que comenzar a luchar. La única forma es exigir a la autoridad que haga lo correcto y, al mismo tiempo, hacer desde casa lo que debe hacerse.

La educación social, moral y académica es lo que debe rescatarse. No es tarea de un gobierno o una institución. Es responsabilidad de todos. Porque como dijo George Orwell: «El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante». Y en México, hemos convertido esa deshonestidad en cultura nacional.

La corrupción no es culpa de políticos, autoridades o empresarios solamente. La corrupción somos todos, mientras permitamos que el lema «si no lo hago yo, otros lo harán» siga siendo más vigente que nunca.

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