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UNAM cancela inscripciones: la crisis que expone las fallas de la educación en México

La máxima casa de estudios suspende admisiones por anomalías en su examen en línea, destapando problemas sistémicos que van más allá de la universidad.

La UNAM en crisis: cuando el sistema falla y la educación se tambalea

La Universidad Nacional Autónoma de México enfrenta una situación sin precedentes. Ha cancelado las inscripciones al nivel licenciatura después de detectar fallas críticas en el sistema utilizado para el examen de admisión. Lo que parecía ser un problema técnico aislado se ha convertido en el síntoma de una enfermedad mucho más profunda: el deterioro de la calidad educativa en el país.

Las inconsistencias reportadas en la plataforma digital han dejado a la institución en una posición incómoda. Algunos aspirantes aprobaron con puntajes cuestionables, mientras que otros fueron rechazados. Ahora, quienes pasaron amenazan con demandar a la UNAM, mientras que la universidad sigue investigando los detalles de lo que salió mal. El tiempo corre contra reloj: el semestre está a punto de comenzar y cientos de estudiantes permanecen en la incertidumbre.

Dos verdades incómodas

En el centro del problema existen dos realidades que la UNAM no puede ignorar. Primera: la universidad simplemente no tiene espacio físico suficiente para acoger a todos los aspirantes que demandan educación de calidad. Segunda, y más preocupante: las deficiencias en educación son tan profundas que algunos estudiantes lograron superar el examen mediante prácticas irregulares, ya sea con ayuda externa o copiando respuestas.

Este problema no es nuevo. Desde primaria, los estudiantes mexicanos recurren a «acordeones» y trucos para pasar exámenes. Con la tecnología, estos métodos se han modernizado, pero la esencia permanece: la educación está siendo violentada en todos los niveles. Lo que preocupa ahora es que estas fallas afecten a la institución con mayor prestigio de América Latina.

Un problema que trasciende a la UNAM

Más allá de los errores técnicos o administrativos, este incidente revela una crisis sistémica en la educación mexicana. Sexenio tras sexenio, las políticas educativas cambian según los caprichos políticos del momento. No hay continuidad, no hay planificación a largo plazo, solo experimentación y ensayo. El resultado es predecible: una población cada vez menos preparada para responder a los desafíos de la sociedad.

Los efectos son visibles en todas partes. Tome el sector salud como ejemplo: un paciente necesita consultar a tres médicos diferentes para validar un diagnóstico. Antes, la opinión de un profesional era suficiente. Hoy, la desconfianza en la competencia profesional es generalizada. Lo mismo ocurre en el derecho, en la administración, en la ingeniería. Profesionistas que no están a la altura de las exigencias del mercado laboral moderno.

La responsabilidad de los maestros y las autoridades

Las autoridades poco parecen interesarse en resolver este problema. Si lo hicieran, revisarían un hecho innegable: existen docentes que simplemente no se dedican a la enseñanza. Los que sí tienen vocación son minoría. Peor aún, los casos de abuso por parte de maestros en todos los niveles educativos, tanto académicos como deportivos y culturales, permanecen sin investigación seria.

Esta es una condición que requiere revisión profunda, pero que sistemáticamente es ignorada por las autoridades competentes.

¿Cuál es la solución?

Muchos expertos sugieren que la UNAM podría volver a exámenes presenciales mientras resuelve los problemas tecnológicos. Esto permitiría vigilancia directa y verificación real del conocimiento de los aspirantes. No es una medida popular, pero es necesaria para preservar el prestigio de una institución que tiene impacto internacional.

Cabe recordar que la UNAM invirtió millonarias cantidades en este sistema que falló. Ese dinero está en juego, pero más importante aún es la reputación de una casa de estudios que ni siquiera las universidades privadas pueden igualar en calidad y oferta académica.

Las alternativas abandonadas

El gobierno ha impulsado otras opciones universitarias como la Universidad Rosario Castellanos y la Universidad Benito Juárez. Sin embargo, estas instituciones no han logrado posicionarse como alternativas viables. Los estudiantes siguen persiguiendo un lugar en la UNAM, sabiendo que es su mejor opción. Las nuevas universidades públicas aún deben demostrar que pueden responder con eficacia y eficiencia a las necesidades reales de la sociedad.

El futuro en manos de la calidad educativa

Los jóvenes no son el futuro, son el presente de la sociedad. Si queremos un país mejor, debemos apostar por una educación de calidad real. Eso significa docentes preparados, currículos continuos, inversión genuina en infraestructura y, sobre todo, compromiso de las autoridades con la formación integral de los estudiantes.

La UNAM tiene la oportunidad de enderezar esta situación. Pero la responsabilidad no recae solo en ella. Padres de familia, educadores y autoridades deben reconocer las deficiencias educativas que aquejan al país y tomar medidas decisivas.

Aún estamos a tiempo de recomponer el camino. La mejor apuesta para un cambio real sigue siendo la educación de calidad. Sin ella, el futuro solo será más incierto.

Reflexión: «La educación actual es una máquina productora de mentalidades subordinadas». (Ignacio Russell)

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