El negocio más grande no es suficiente contra los impuestos
Imagine invertir decenas de millones de pesos en campañas publicitarias, productos exclusivos y activaciones en ciudades durante el evento deportivo más visto del planeta, solo para descubrir que sus ganancias siguen siendo erosionadas por una realidad fiscal más desafiante que cualquier competencia comercial. Este es el dilema que enfrenta Coca-Cola FEMSA, la embotalladora más grande del mundo, en el mercado mexicano durante 2026.
Para una empresa como Coca-Cola FEMSA, la Copa Mundial representa una oportunidad comercial extraordinaria. Durante los meses del torneo, millones de aficionados se reúnen en estadios, bares y casas para consumir bebidas. Los márgenes de ganancia en estos eventos son significativos. La compañía desplegó estrategias agresivas: lanzó productos de edición limitada con diseños temáticos, ejecutó promociones geográficamente dirigidas en las sedes del mundial y diseñó campañas publicitarias que conectaban la pasión futbolística con el consumo de refrescos. Todo esto con el objetivo de maximizar ventas durante estos meses críticos.
¿Qué sucede con las ganancias?
Sin embargo, cuando los números llegan a la contabilidad, la realidad es diferente. La estructura tributaria mexicana consume una porción sustancial de los ingresos adicionales generados por estas iniciativas especiales. México mantiene una carga impositiva que, aunque es moderada comparada con algunos países europeos, resulta particularmente gravosa para empresas que operan en sectores como bebidas y alimentos.
Las bebidas azucaradas en México enfrentan impuestos específicos diseñados para desincentivar el consumo. El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) grava las bebidas con contenido calórico. A esto se suma el Impuesto al Valor Agregado (IVA) estándar del 16%, cargas estatales y municipales, además de impuestos sobre la renta corporativa. Cuando se combinan todos estos gravámenes, pueden consumir entre 30% y 40% de los márgenes operativos en algunos productos.
Un problema estructural, no coyuntural
Lo relevante de esta situación es que no se trata de un obstáculo temporal. Aunque el Mundial 2026 genera un pico de ventas, la carga tributaria permanece constante durante todo el año. Los analistas financieros señalan que Coca-Cola FEMSA ha estado buscando soluciones durante años: optimizar cadenas de suministro, negociar con gobiernos locales, diversificar portafolios hacia productos con menor carga fiscal. Pero la magnitud del problema trasciende cualquier campaña publicitaria individual.
Para el consumidor mexicano, esto tiene implicaciones directas. Las cargas impositivas elevadas se trasladan a precios más altos en las tiendas. Una botella de refresco en México cuesta significativamente más que en otros países latinoamericanos, no solo por costos de producción sino por estructura fiscal. Esto puede desacelerar el crecimiento del consumo masivo, especialmente entre poblaciones de menores ingresos.
La perspectiva empresarial
Para Coca-Cola FEMSA, empresa que opera también en otros países como Brasil, Argentina y Colombia, México representa un desafío único. En otras naciones, márgenes similares generan mayores ganancias netas debido a estructuras fiscales menos complejas. Esto crea presión para que la compañía replantee inversiones futuras o exija cambios regulatorios.
El Mundial 2026 ofrecía un escenario perfecto para demostrar el potencial de crecimiento. Sin embargo, enfatiza un problema más profundo: en economías emergentes como la mexicana, incluso los eventos más grandes no pueden superar limitaciones impositivas estructurales. Las soluciones requieren diálogos entre gobiernos y empresas sobre sostenibilidad fiscal a largo plazo, no solo campañas de marketing espectaculares.
Información basada en reportes de: Xataka.com.mx