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Empatía con adolescentes: la clave para entender sus cambios emocionales

La neurociencia explica por qué los jóvenes tienen reacciones desmedidas. Los padres que entienden los cambios cerebrales logran mejores canales de comunicación.
Empatía con adolescentes: la clave para entender sus cambios emocionales

Empatía con adolescentes: la clave para entender sus cambios emocionales

Tener adolescentes en casa es un desafío. La transformación que experimentan genera conflictos familiares que muchos padres prefieren evitar antes que confrontar. Pero esta estrategia, aunque parece traer paz momentánea, puede acarrear problemas mayores en el futuro de los jóvenes.

Sin embargo, la adolescencia no es solo una etapa de crisis. También representa una oportunidad de mejora si los padres logran entender la transformación biológica y emocional que sus hijos atraviesan. Para ello, la empatía es esencial.

«Cuando aceptamos esto, comprendemos que abordarla como una posibilidad de mejora nos permitirá enfocarnos de modo positivo en nuestro hijo o hija y así ayudarle a encontrar su camino», explica Javier Quintero, doctor en Psiquiatría y autor del libro El cerebro adolescente.

El cerebro en transformación

Las últimas investigaciones en neurociencia revelan lo que sucede en el cerebro adolescente. A diferencia de los primeros años de vida, donde el cerebro crece principalmente, en la adolescencia lo que ocurre es la organización y maduración de sus estructuras.

«Durante la adolescencia, la producción de mielina es constante. Esta es la clave en la maduración del cerebro. Podríamos decir que nos hacemos adultos cuando ha madurado de manera suficiente, lo que no siempre ocurre a los 18 años», señala Quintero.

La mayor parte de estos cambios ocurren en la región prefrontal del cerebro, donde se localizan funciones cruciales como la planificación, reflexión y anticipación de consecuencias. Lo interesante es que esta maduración no es simultánea: comienza en las regiones posteriores e inferiores del cerebro y avanza hacia las anteriores y superiores. La corteza prefrontal es la última en madurar.

La tormenta hormonal

A través de estudios de resonancia magnética funcional, los neurocientíficos han descubierto que en la adolescencia los circuitos cerebrales son vulnerables a muchas circunstancias del entorno. Entre ellas destacan especialmente las hormonas sexuales, que afectan al sistema límbico: la región cerebral relacionada con la toma de decisiones, el autocontrol y la regulación emocional.

«Se produce una tormenta hormonal que actúa sobre un cerebro en transformación. Es decir, sin todos los filtros de autorregulación funcionando plenamente y con una corteza prefrontal incapaz en muchas ocasiones de organizar estímulos intensos», explica el psiquiatra.

Esta es la razón por la que lo emocional pesa más que lo racional en las decisiones de los adolescentes. Ante una emoción intensa, son menos capaces de valorar las consecuencias o los riesgos de sus acciones.

El punto de equilibrio entre padres e hijos

Los adolescentes se mueven por el aquí y el ahora, guiados por emociones intensas. Se sienten lo suficientemente mayores para tomar decisiones, pero no son conscientes de sus limitaciones. Se sienten invulnerables y creen que todo lo pueden conseguir.

Los padres, en cambio, funcionan en el extremo opuesto: sobreprotegen por miedo a las consecuencias.

«Quizás la clave la podríamos encontrar en el punto de equilibrio, que lo vamos a encontrar en un espacio intermedio, entre lo que los padres piensan y lo que el adolescente cree», señala Quintero.

La empatía es fundamental para encontrar ese equilibrio. «El papel de los padres como modulador de la adolescencia es crucial, y debe servir como catalizador en la interacción del adolescente con el ambiente que le rodea».

En lugar de imponer normas rígidas, los padres deben intentar ser «el mejor influencer analógico de su hijo adolescente», como sugiere el director de PsicoKids. De esta manera, los jóvenes tendrán a sus padres como referente dentro o fuera del hogar.

Las emociones como oportunidad de aprendizaje

Más allá de los conflictos, la vorágine emocional de la adolescencia también puede verse como una oportunidad para el aprendizaje. Las emociones son la energía que impulsa el conocimiento y facilitan la consolidación de lo aprendido.

«Cuanto más motivado esté un adolescente, más fácil será que lo haga, más fácil será que se esfuerce y se supere a sí mismo», explica Quintero.

Para que esto ocurra, es importante crear un entorno que haga atractivo el aprendizaje y propiciar el éxito del mismo. De esta manera, el cerebro disfrutará aprendiendo cosas nuevas y la motivación se reforzará con el logro.

Sin embargo, hay enemigos del desarrollo cerebral adolescente: el alcohol y las drogas, particularmente el cannabis, interfieren en la mielinización, el proceso clave en esta etapa. Pero también la pasividad y la desidia representan riesgos.

Nuevas formas de aprender

Hoy, los adolescentes aprenden de manera diferente a generaciones anteriores. Además de historia y conocimientos académicos, deben aprender a relacionarse, a gestionar emociones y a afrontar problemas. Las nuevas tecnologías juegan un papel central en su forma de comunicarse y relacionarse.

«Los jóvenes de hoy están aprendiendo de otra manera, ya veremos en el futuro si es mejor o no», concluye Quintero.

Lo que está claro es que la comprensión y la empatía de los padres son herramientas fundamentales para acompañar a sus hijos en esta etapa decisiva de la vida.

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