El crecimiento que el gobierno no puede cobrar
México experimenta una paradoja económica incómoda: el país crece, pero principalmente en las sombras. Mientras las estadísticas oficiales muestran debilidad en la creación de empleos formales y las empresas reducen sus inversiones, una economía paralela de dimensiones gigantescas sigue expandiéndose sin que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) pueda contabilizarla.
Esta realidad afecta directamente tu bolsillo. Cada vez que compras en un mercado informal, contratas a alguien sin contrato escrito o trabajas por tu cuenta sin registro oficial, eres parte de un fenómeno que representa aproximadamente entre el 55% y el 60% de la actividad económica mexicana, según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
¿Por qué la formalidad se vuelve un lujo?
Las razones son múltiples y conectadas. Primero, el costo de la formalidad ha aumentado considerablemente. Registrar un negocio, mantener la contabilidad al día, pagar impuestos y cumplir regulaciones requiere recursos económicos y tiempo que muchos pequeños emprendedores simplemente no tienen. Para un vendedor ambulante o una costurera que trabaja desde casa, estos requisitos se perciben como una barrera insuperable.
Segundo, las empresas grandes y medianas enfrentan presiones que les impiden expandir su plantilla. La incertidumbre económica, la volatilidad del peso, las tasas de interés altas y la competencia global crean un ambiente donde muchas compañías prefieren automatizar, reducir costos o simplemente no crecer. El resultado: menos empleos formales disponibles.
Tercero, existe un círculo vicioso de desconfianza. Muchos trabajadores han optado por la informalidad porque perciben que el sistema formal no ofrece protección real. Los salarios estancados, la falta de beneficios tangibles y la posibilidad de despidos sin consecuencias reales hacen que algunos prefieras la libertad (aunque precaria) de trabajar por cuenta propia.
El impacto en tu vida diaria
Esta realidad tiene consecuencias concretas. Si trabajas en la informalidad, no cuentas con seguro de desempleo, acceso a créditos bancarios con buenas tasas, o protección en caso de enfermedad. Tu jubilación dependerá únicamente de lo que logres ahorrar por ti mismo, sin contribuciones del empleador.
Para el país en general, el fenómeno significa menores ingresos fiscales. El gobierno recauda menos impuestos de lo que podría, limitando su capacidad para invertir en infraestructura, educación y salud. Este déficit fiscal se traduce en servicios públicos más débiles que eventualmente afectan a todos.
Además, la economía informal es vulnerable. Los trabajadores sin protección social enfrentan riesgos mayores ante crisis como pandemias, recesiones o desastres naturales. Durante la COVID-19, mientras los empleados formales podían trabajar desde casa, millones de informales vieron sus ingresos desaparecer de la noche a la mañana.
Un fenómeno latinoamericano
México no está solo en esto. Toda América Latina enfrenta proporciones similares de informalidad: Colombia ronda el 50%, Perú el 60%, y Brasil el 40%. La región completa lucha con un modelo donde la formalidad se concentra en grandes corporaciones y el Estado, mientras la mayoría de las personas genera ingresos en espacios grises o directamente ilegales.
¿Hay salida?
Los economistas señalan que la solución requiere cambios profundos. Simplificar los trámites de formalización, reducir los costos iniciales y ofrecer incentivos fiscales reales para pequeños negocios podría atraer a más personas hacia la formalidad. Algunos países han experimentado con modelos de «formalidad ligera» con resultados prometedores.
Lo importante es reconocer que detrás de cada vendedor ambulante, cada trabajador doméstico sin contrato y cada microemprendedor sin registro hay alguien intentando sobrevivir en un sistema que le cierra las puertas. La economía invisible de México no es un problema de moralidad, sino de viabilidad: un sistema que no ofrece oportunidades realistas de formalidad inevitablemente genera informalidad.
Mientras esto no cambie, el crecimiento económico seguirá siendo un fantasma: visible en las calles, invisible en los libros contables.
Información basada en reportes de: Xataka.com.mx