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El truco de Fermi: cómo calcular lo imposible con solo papel y lógica

Un método nacido en la física nuclear permite hacer estimaciones precisas de casi cualquier dato sin necesidad de fuentes confiables. Por qué es más útil de lo que parece.
El truco de Fermi: cómo calcular lo imposible con solo papel y lógica

El método que los científicos usan para resolver lo irresoluble

Enrico Fermi no solo fue un físico brillante que ganó el Premio Nobel. También fue un maestro del arte de hacer preguntas imposibles y responderlas con números creíbles. Su legado es una herramienta mental que ha permeado desde el ámbito científico hasta las salas de juntas de startups de Silicon Valley, aunque pocos lo reconozcan por su nombre original.

Las «estimaciones de Fermi» —también conocidas como «cálculos de fermi» o «problemas de Fermi»— siguen una lógica deceptivamente simple. Tomas una pregunta aparentemente sin respuesta (¿cuántos afinadores de piano hay en Chicago? ¿Cuántos litros de gasolina consume una ciudad al día?) y la descompones en fragmentos más pequeños y manejables. Luego asignas valores aproximados a cada pieza, los multiplicas, y obtienes una estimación que, curiosamente, suele estar bastante cerca de la realidad.

De la física nuclear a tu próxima decisión de negocio

Durante el Proyecto Manhattan, Fermi utilizaba este método para hacer predicciones sobre fenómenos que nadie había medido antes. ¿La potencia de una bomba atómica? ¿Los efectos de la radiación? Sin datos directos disponibles, descomponía el problema. Separaba variables. Hacía suposiciones educadas basadas en lo que ya conocía. Y funcionaba.

Lo fascinante es que este método no requiere ser un genio de la física. No necesitas acceso a bases de datos gigantescas ni algoritmos sofisticados. Solo papel, bolígrafo y la disposición mental para dividir lo complejo en partes digeribles. Es especialmente poderoso en contextos donde la información confiable es escasa —justamente el escenario que enfrentan muchos países latinoamericanos.

¿Por qué importa en un mundo obsesionado con los datos?

Vivimos en la era del «data-driven decision making». Las empresas, gobiernos y organizaciones internacionales veneran los números certificados, las estadísticas oficiales, los reportes auditados. Pero hay un problema: los datos confiables son caros, lentos de obtener y a menudo no existen.

En América Latina, donde la informalidad económica supera el 50% en muchos países, las estadísticas oficiales subestiman la realidad. ¿Cuántas personas trabajan en la economía informal en Perú? ¿Cuál es el volumen real de comercio transfronterizo en la región? ¿Cuánta agua se pierde por fugas en sistemas de distribución municipales? Estas preguntas tienen respuestas con datos incompletos o desactualizados.

Aquí es donde Fermi cobra relevancia práctica. Sus estimaciones ofrecen un marco para tomar decisiones razonables incluso bajo incertidumbre. No pretenden ser exactas. Pretenden ser útiles. Pretenden ser mejor que adivinar.

La arquitectura mental detrás del método

El proceso tiene varios pasos. Primero, reformulas la pregunta original en términos de variables más elementales. Si quieres estimar cuántos smartphones hay en México, no intentas conseguir ese número directamente. En su lugar, preguntas: ¿cuál es la población? ¿Qué porcentaje tiene acceso económico a un smartphone? ¿Cuál es la tasa de penetración en zonas urbanas versus rurales?

Segundo, investigas lo que sí sabes con razonable certeza. Buscas cifras parciales, comparaciones con otros países, tendencias históricas. Todo lo que te ayude a anclar tus suposiciones en algo más sólido que la intuición pura.

Tercero —y aquí está el trabajo creativo— haces tus mejores estimaciones en cada variable y multiplicas. El resultado probablemente esté equivocado en un factor de dos o tres. Pero está equivocado de forma inteligente, consciente, y documentada.

Crítica y límites del método

No es perfecto. Si tus supuestos iniciales están fundamentalmente equivocados, todo se desmorona. Y existe el riesgo de una falsa precisión: obtienes un número específico (digamos, 47 millones de usuarios) y olvidas que en realidad el rango probable es 30-60 millones.

Además, el método puede reforzar sesgos existentes. Si asumieras, incorrectamente, que solo el 10% de los rurales tiene acceso a tecnología cuando en realidad es 25%, tu estimación final será persistentemente baja. Los supuestos definen el destino.

La utilidad en tiempos de incertidumbre

Pero consideremos el contexto contemporáneo. Vivimos en una época donde la información es abundante pero poco confiable. Desinformación, datos patrocinados por corporaciones, estadísticas manipuladas políticamente. En este caos, el método de Fermi ofrece algo valioso: transparencia en el razonamiento.

Cuando usas Fermi, no escondes tu lógica detrás de una caja negra. Muestras cada paso. Permitir que otros cuestionen, validen o corrijan tus supuestos. Es el opuesto epistemológico a un algoritmo opaco o un reporte corporativo de 200 páginas que nadie lee completamente.

Para emprendedores, investigadores, activistas y periodistas en América Latina, esta herramienta es particularmente valiosa. No esperes a que alguien más publique el dato que necesitas. Estímalo. Hazte transparente en el proceso. Y prepárate para mejorar cuando llegue información mejor.

El legado de Fermi no es que te da respuestas exactas. Es que te enseña a pensar en grande, descomponer lo complejo, y actuar bajo incertidumbre con inteligencia. Eso, hoy, es un superpoder.

Información basada en reportes de: Eldiario.es

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