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Autos en máximos históricos: ¿crecimiento real o espejismo de crédito?

Las ventas de vehículos rompen récords, pero esconden una realidad preocupante: los compradores dependen cada vez más del financiamiento mientras sus ingresos se estancan.
Autos en máximos históricos: ¿crecimiento real o espejismo de crédito?

El espejo retrovisor del mercado automotriz

Cuando los números rompen récords, es fácil celebrar. Las ventas de automóviles en América Latina atraviesan momentos de gloria según los reportes oficiales, con cifras que no se veían en años. Las concesionarias lucen optimistas, los fabricantes anuncian expansiones, y los analistas hablan de recuperación económica. Pero detrás de estos titulares reconfortantes se esconde una pregunta incómoda que debería mantener despiertos a consumidores, banqueros y formuladores de política: ¿estamos comprando autos o simplemente endeudándonos más?

Esta interrogante no es menor. En mercados como México, Argentina y Brasil, donde la compra de auto representa frecuentemente la segunda inversión más importante de un hogar después de la vivienda, la respuesta determina si el crecimiento es sostenible o una bomba de tiempo financiera.

La mecánica del crecimiento engañoso

Durante los últimos años, el sector automotriz ha experimentado un fenómeno que los economistas conocen bien: el crecimiento impulsado por oferta de crédito. En términos simples, significa que más personas están comprando autos, pero no porque ganen más dinero, sino porque les resulta más fácil endeudarse.

Los fabricantes y distribuidoras han desarrollado estrategias sofisticadas para alcanzar este objetivo. Primero, ajustan los precios hacia la baja mediante descuentos agresivos que transforman vehículos que costaban, digamos, 25 mil dólares hace tres años, en opciones de 22 mil. Segundo, flexibilizan los requisitos de financiamiento: plazos más largos, enganche más bajo, tasas competitivas que parecen irresistibles en el corto plazo.

El resultado es predecible. Alguien que hace dos años no calificaba para un crédito automotriz porque su ingreso mensual era insuficiente, hoy sí lo obtiene. No es que su situación financiera haya mejorado; es que el sistema de crédito se expandió para capturarlo como cliente.

El ingreso que no acompaña

Aquí reside el verdadero problema. En la mayoría de economías latinoamericanas, los salarios reales —es decir, lo que el dinero efectivamente permite comprar descontando la inflación— se han mantenido estancados o han retrocedido en la última década. En países como Perú, Chile y Colombia, los trabajadores de clase media experimentaron caídas en su poder adquisitivo entre 2020 y 2023.

Mientras tanto, los precios de bienes esenciales como alimentos, servicios de salud y educación continuaron subiendo. Esto significa que un hogar con ingreso mensual de tres mil dólares en 2015 enfrenta mayor presión financiera en 2024, a pesar de que nominalmente gane similar cantidad.

Es precisamente en este contexto donde el financiamiento automotriz se convierte en una válvula de escape temporal pero peligrosa. Los hogares acceden a créditos para autos porque sus ingresos insuficientes ya no permiten otros gastos, y el automóvil —a diferencia de otros lujos— se percibe como necesidad en ciudades con transporte público deficiente.

La cuenta de cobro futura

¿Qué sucede cuando estos créditos vencen y las cuotas se convierten en realidad para familias que no mejoraron sus ingresos? Los datos de mora crediticia en el sector automotriz comenzaron a aumentar en 2023 en varios países. En México, por ejemplo, la cartera vencida en créditos para auto superó máximos históricos, con tasas de incumplimiento que rondaban el 4% en algunos segmentos.

Esta es la contrapartida inevitable. Los bancos eventualmente toman posesión de vehículos cuyas cuotas no pueden pagarse. Los hogares pierden lo invertido y ven sus calificaciones crediticias dañadas. Las tasas de interés futuro suben para compensar el riesgo. El ciclo se torna más restrictivo para el siguiente grupo de compradores potenciales.

Un crecimiento que debe interrogarse

Los récords en ventas de autos son un indicador, pero requieren interpretación crítica. Un mercado robusto se sostiene en ingresos crecientes, no en descuentos decrecientes y crédito expandido. Es la diferencia entre una economía que prospera y una que simplemente difiere sus problemas hacia el futuro.

Para los consumidores, la lección es clara: antes de firmar un contrato de financiamiento, preguntar no solo cuál es la cuota mensual, sino si el ingreso familiar puede sostenerla durante todo el plazo, considerando gastos impredecibles. Para los bancos, mantener estándares rigurosos que equilibren rentabilidad con prudencia. Para los gobiernos, el desafío es más profundo: enfocarse en políticas que realmente aumenten el ingreso de los trabajadores, no solo en aquellas que faciliten el endeudamiento.

Porque al final, un auto que se termina recuperando por falta de pago no es un récord de ventas. Es un recordatorio de que el crecimiento que ignora los fundamentos económicos siempre tiene fecha de vencimiento.

Información basada en reportes de: El Financiero

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