Un siglo de gobiernos revolucionarios que se convirtieron en depredadores
Tras el triunfo de la Revolución de 1810, México transitó de generales revolucionarios a civiles con título de licenciados que gobernaron el país durante aproximadamente cien años. Sin embargo, esta transición no representó mejora alguna para las finanzas públicas ni para la seguridad ciudadana. Por el contrario, durante ochenta años de dominio priista y panista, el país fue saqueado sistemáticamente por una élite política que repartía «el gran pastel financiero» de México.
El saqueo sistemático: expresidentes que viven en el exilio dorado
Los expresidentes prianistas más emblemáticos del despojo económico son conocidos: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Cedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa. Todos ellos acumularon fortunas considerables durante sus administraciones y hoy residen en el extranjero con un nivel de vida que contrasta brutalmente con la pobreza que dejaron en México. A pesar del descaro de sus acciones, permanecen intocables ante la justicia.
El caso más reciente es Enrique Peña Nieto, quien según reportes nacionales e internacionales reside en una lujosa mansión en España. La pregunta inevitable es: ¿de dónde provienen esas riquezas si no del erario público saqueado durante su presidencia?
Matanzas impunes: la otra cara del saqueo prianista
Más allá del robo económico, los gobiernos prianistas se caracterizaron por cometer crímenes de Estado sin castigo. La lista de masacres documentadas es extensa y vergonzosa:
Años sesenta a ochenta: La Guerra Sucia dejó un saldo de desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales que aún claman justicia.
1968 – Tlatelolco: Cientos de estudiantes fueron asesinados durante una manifestación pacífica.
1971 – Halconazo: El Jueves de Corpus dejó decenas de muertos a manos de grupos paramilitares.
Años noventa y dos mil: Las matanzas continuaron: Aguas Blancas (1995), Acteal (1997), El Charco (1998), El Bosque (1998) y San Salvador Atenco (2006).
Gobiernos recientes: Tlatlaya (2014), donde soldados ejecutaron civiles; Apatzingán (2015) y Tahuato (2015).
Ayotzinapa: el crimen que resume la impunidad
El caso más emblemático es la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Como máxima autoridad federal, junto con su Secretario de Defensa Nacional, debieron estar informados instantáneamente de un evento de esa magnitud. Sin embargo, la investigación fue opaca y los responsables nunca fueron identificados ni castigados.
A la fecha, el caso permanece sin esclarecer y los culpables siguen libres. Este es el símbolo más crudo de una justicia que funciona solo para los ciudadanos comunes, mientras la clase política permanece intocable.
La «nueva rata» política: cuando los viejos saqueadores se reinventan
Conforme se acerca el fin de sus partidos tradicionales, la vieja guardia política prianista se reorganiza. Según observadores, estos políticos —acostumbrados a vivir del erario público y a explotar al pueblo mexicano— buscan formar nuevas agrupaciones para continuar con su modelo de enriquecimiento.
La ironía es amarga: mientras sus partidos desaparecen, sus líderes no renuncian al negocio de la política. Se reinventan, se reúnen y fabrican nuevas estructuras partidistas con «pura rata vieja», como dice el dicho popular: roedores de dos patas con uñas largas.
¿Qué heredarán los gobiernos morenistas?
Mientras la transición política avanza, queda la pregunta inevitable: ¿qué harán los gobiernos actuales con este legado de corrupción e impunidad? ¿Habrá justicia para las víctimas de las masacres? ¿Se recuperará el dinero robado a México?
Por ahora, lo que es certero es que en la política mexicana la honestidad es un lujo inexistente. Los políticos que concluyen su función pública buscan mantenerse «pegados a la ubre presupuestal», como denuncian observadores. El sistema político mexicano ha funcionado durante un siglo como máquina de enriquecimiento personal, no como instrumento de bien público.
La historia de México en el siglo XX es la historia de un saqueo sistemático, de masacres impunes y de una clase política que vive en el lujo mientras el pueblo sufre. Hasta que no haya justicia real, hasta que no se castigue a los responsables, este ciclo de corrupción e impunidad seguirá repitiéndose.