La conectividad como arma de emergencia
Cuando un desastre golpea, los teléfonos se convierten en salvavidas. Las operadoras españolas lo saben, y por eso están invirtiendo recursos significativos en infraestructura de respuesta rápida equipada con inteligencia artificial y drones de última generación. Pero antes de celebrar esta carrera tecnológica, vale la pena preguntarse: ¿qué hay realmente detrás de estos anuncios?
España enfrenta retos reales. Desde incendios forestales de magnitud creciente hasta posibles situaciones de colapso de infraestructuras críticas, la necesidad de mantener comunicaciones durante emergencias no es teórica. Los drones pueden mapear áreas afectadas en minutos, la IA puede predecir puntos críticos de sobrecarga en redes, y los sistemas automatizados pueden redirigir tráfico de datos con velocidad sobrehumana. Todo suena impresionante en un comunicado de prensa.
El contexto que las telecos no enfatizan
Lo que raramente menciona el marketing corporativo es la realidad institucional. En América Latina, donde países como México, Colombia y Perú enfrentan desafíos de infraestructura aún mayores que España, las telecos llevan años prometiendo soluciones similares con resultados mixtos. Chile sufrió apagones masivos en 2023 que dejaron zonas enteras incomunicadas, a pesar de que las operadoras presuntamente disponían de tecnología de contingencia.
El problema no siempre es la tecnología. Es la inversión real en redundancia de sistemas, la coordinación entre operadores competidores, y la disposición de sacrificar márgenes de ganancia por resiliencia. Cuando llega la crisis, un dron sofisticado no sirve de nada si la antena de respaldo no existe o está ubicada a cien kilómetros.
¿Quién realmente se beneficia?
Estas iniciativas tienen ganadores claros: las empresas que proveen drones, soluciones de IA, y servicios de consultoría. Las telecos obtienen relaciones públicas valiosas. ¿Los ciudadanos? Eso depende de si estas inversiones se traducen en acceso real durante emergencias o quedan como proyectos piloto bonitos para presentaciones ante accionistas.
En España, la regulación del sector por parte de la CNMC podría jugar un rol crucial obligando a que estos sistemas sean realmente interoperables y accesibles para autoridades de emergencia. No simplemente herramientas privadas de uso corporativo interno.
La pregunta incómoda
¿Por qué una teleco invierte en drones para emergencias después de que ocurren, en lugar de invertir preventivamente en infraestructura subterránea que resista desastres naturales? La respuesta es económica: los drones son flashy, son deductibles como I+D, y generan titulares. Las tuberías subterráneas son caras, invisibles y aburridas.
Lecciones desde el sur global
En Argentina, tras las inundaciones de 2013, las telecos prometieron sistemas inteligentes de alerta temprana. Una década después, siguen siendo proyectos incompletos. En Perú, el terremoto de 2019 evidenció que la tecnología sin coordinación estatal es insuficiente.
España tiene ventajas: regulación más robusta, capacidad fiscal para exigir cumplimiento, e instituciones más sólidas. Pero el riesgo existe: que estas inversiones en IA y drones se conviertan en ejercicios de relaciones públicas mientras se descuida la infraestructura fundamental que realmente sostiene la vida en emergencias.
Lo que debería importar
No se trata de rechazar la innovación. Se trata de exigir transparencia: ¿Cuánto se invierte realmente en redundancia versus en proyectos fotogénicos? ¿Están los drones y sistemas de IA siendo testeados bajo condiciones reales de desastre, o solo en escenarios controlados? ¿Puede una persona sin contrato con esa teleco acceder a la conectividad de emergencia?
La próxima vez que una operadora anuncia que está «revolucionando la resiliencia» con tecnología de punta, la pregunta correcta no es: ¿Qué tan avanzado es esto? Sino: ¿Realmente funcionará cuando más lo necesite?
Información basada en reportes de: Elperiodico.com