México avanza hacia modelo de partería intercultural
La Secretaría de Salud (Ssa) ha reformado la estructura del Comité Nacional de Partería para incluir explícitamente la participación de parteras tradicionales de comunidades indígenas y afromexicanas. Este cambio representa un reconocimiento institucional de saberes ancestrales que han acompañado el parto en México durante siglos, buscando integrar estas prácticas con los estándares de salud pública.
¿Por qué es relevante esta medida?
En México, aproximadamente 15 millones de personas viven en comunidades indígenas donde el acceso a servicios de salud materna convencional sigue siendo limitado. En muchas de estas regiones, las parteras tradicionales —conocidas como comadrona, partera o ilol en distintos contextos culturales— han sido históricamente las únicas proveedoras de atención durante el embarazo y parto.
La Organización Panamericana de la Salud reconoce que en varios países latinoamericanos, incluido México, las parteras tradicionales atienden entre 40 y 60 por ciento de los partos en zonas rurales e indígenas. Ignorar esta realidad implicaría desconectarse de la realidad sanitaria del país.
El desafío de la integración intercultural
La inclusión formal de parteras tradicionales en un órgano asesor oficial no es simplemente un gesto simbólico. Representa un cambio conceptual en cómo las instituciones de salud entienden la atención maternal. Durante décadas, los modelos biomédicos occidentales vieron con desconfianza o directamente marginalizaron estas prácticas, generando tensiones y desconexiones entre comunidades y servicios públicos.
Estudios publicados en revistas de salud pública indican que cuando existe colaboración entre parteras tradicionales y el sistema de salud formal, mejoran indicadores como la detección temprana de complicaciones, la derivación oportuna a hospitales y, en consecuencia, las tasas de mortalidad materna.
Contexto latinoamericano
Esta iniciativa mexicana se alinea con tendencias en otros países de la región. Perú, Bolivia y Guatemala han implementado modelos similares de reconocimiento e integración de parteras ancestrales. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado explícitamente que los sistemas de salud trabajen con parteras tradicionales capacitadas, especialmente en contextos donde no hay acceso inmediato a servicios hospitalarios.
Sin embargo, la integración requiere capacitación mutua: las parteras tradicionales acceden a conocimientos sobre protocolos de higiene y detección de riesgos, mientras que el personal de salud formal aprende sobre técnicas, plantas medicinales y enfoques culturales que resuenan con las pacientes.
Antecedentes en México
México tiene un historial extenso de partería tradicional documentado desde la época prehispánica. El Códice Florentino registra detalladamente prácticas de atención al parto que, en esencia, persisten en varias comunidades. Durante la colonia y hasta el siglo XX, estas prácticas fueron marginalizadas por el modelo médico europeo, creando una brecha entre instituciones y comunidades.
¿Qué implica la participación en el comité?
La incorporación de parteras tradicionales en este órgano asesor sugiere que sus voces tendrán peso en decisiones sobre políticas de salud materna a nivel nacional. Esto podría influir en aspectos como capacitación intercultural del personal de salud, protocolos de referencia más sensibles culturalmente, y reconocimiento formal de competencias tradicionales.
Desafíos pendientes
Aunque la medida es positiva, quedan interrogantes: ¿cómo se seleccionarán representantes de pueblos diversos? ¿Habrá recursos para capacitación continua? ¿Se traducirán las recomendaciones del comité en cambios operativos reales en clínicas y hospitales?
La experiencia en otros países sugiere que el éxito dependerá del financiamiento, la voluntad política sostenida y la disposición genuina de ambos sistemas para aprender mutuamente.
Lo que esto significa para las comunidades
Para mujeres indígenas y afromexicanas, esta medida podría significar atención más culturalmente congruente, donde se respeten idiomas, creencias sobre el parto y prácticas que consideran necesarias. Paradójicamente, una integración bien hecha también mejora la seguridad, pues permite detección temprana de complicaciones y referencia efectiva cuando sea necesario.
El desafío ahora es convertir este reconocimiento formal en transformaciones concretas en la prestación de servicios, garantizando que las mujeres de comunidades indígenas y afromexicanas tengan acceso simultáneamente a saberes ancestrales respetados y a protecciones que las prácticas médicas modernas pueden ofrecer.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx