Reuniones de café que no llegan a ningún lado
Las llamadas mesas de construcción de paz se han convertido en rituales vacíos. Ediles alineados políticamente se reúnen para tomarse fotos juntos, supuestamente unidos bajo el liderazgo de las autoridades estatales, pero nadie cuestiona el verdadero propósito de estos encuentros. Lo que es evidente es que las acciones concretas a favor de la ciudadanía brillan por su ausencia o son tan mínimas que pasan inadvertidas para las comunidades que las padecen.
Las poblaciones del Estado de México siguen sufriendo los mismos problemas de siempre. Salud deficiente, educación rezagada, servicios básicos insuficientes. Ninguna autoridad parece perturbarse por esta realidad. Las promesas de mejora sanitaria, por ejemplo, fueron barridas por la temporada de lluvias, exponiendo la fragilidad de las respuestas gubernamentales.
Inundaciones recurrentes: síntoma de un sistema sin prevención
La Paz, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan, Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Ixtapaluca y Tlalmanalco han sufrido desbordamientos y afectaciones severas en los últimos meses. El río San Juan se desbordó recientemente, dañando patrimonios y amenazando vidas. La pregunta persiste: ¿dónde están las autoridades para prevenir estas tragedias?
El problema no se resolverá con obras de contención aisladas. Se requiere una verdadera cultura de prevención y una reeducación ambiental que comience en las mismas autoridades. Las políticas públicas deben enfocarse en el manejo integral de desechos y en el aprovechamiento del agua de lluvia, aspectos completamente abandonados en la agenda municipal.
El gasto en basura que limita otras prioridades
Los municipios destinan fortunas para trasladar desechos a tiraderos, erogaciones que debilitan las finanzas locales y limitan los recursos para otras obras esenciales. Al mismo tiempo, los asentamientos humanos han agotado el agua subterránea, obligando a excavar cada vez más profundo para acceder al vital líquido. No existe un plan integral para el aprovechamiento del agua lluvia ni para distribuirla equitativamente entre la población.
Estos son problemas estructurales que requieren iniciativa, gestión y planificación. La autoridad municipal debe estar capacitada para coordinar proyectos sustentables con los gobiernos estatal y federal. Simplemente, esto no sucede.
Cuando el color político no es la excusa
Hace años, los gobiernos municipales culpaban a la alineación partidista como obstáculo para conseguir recursos y ejecutar proyectos. Cuando el municipio era de un color y el estado o la federación de otro, se bloqueaban las iniciativas. El egoísmo del poder prevalecía sobre el bienestar social.
Hoy, los tres niveles de gobierno están alineados bajo la misma corriente política. Ya no hay excusas de color partidista. Sin embargo, los problemas persisten sin solución. La conclusión es inevitable: el problema no es el color en el poder, sino la capacidad de quienes lo ejercen. Y esa capacidad brilla por su ausencia.
La promesa de un mundo mejor: una falacia confirmada
La propuesta de un futuro diferente, mejor, más equitativo, ha resultado ser una gran falacia. Las reuniones institucionales continúan, pero no generan cambios reales. Aunque estos encuentros se realizan para mantener la apariencia de unidad, todos saben que el egoísmo político prevalece incluso dentro de la misma corriente política. Las puñaladas traperas están a la orden del día.
La realidad es brutal: existe una única lucha, la del poder. Y ese poder se resume en dinero. Aunque el partido gobernante enfrenta múltiples crisis, sus cálculos electorales sugieren que mantendrá mayoría en el próximo ciclo. Esto significa que seguirán en la misma línea, sin cambios reales.
La sociedad: condenada a remar contra corriente
Mientras tanto, la sociedad continuará apostando a resolver sus propios problemas, obteniendo migajas presupuestales generadas con sus impuestos. Sin iniciativas inclusivas ni real participación ciudadana en la toma de decisiones, los problemas estructurales permanecerán. Las autoridades, cegadas por su propia visión, no comprenden qué es lo que la sociedad realmente necesita.
Lo más desalentador es que no hay alternativas claras. La ciudadanía prefiere lo conocido antes que arriesgar lo desconocido, perpetuando así un ciclo de mediocridad política y gestión deficiente que beneficia únicamente a quienes detentan el poder.
Como reflexión final, vale recordar las palabras de George Orwell: «El lenguaje político está diseñado para que las mentiras suenen verdaderas y el asesinato parezca respetable». En el Estado de México, esa máxima parece más vigente que nunca.