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Los mapas secretos del siglo XVII: cómo los pueblos defendieron sus tierras

Lienzos y códices pintados por indígenas fueron armas legales contra los hacendados españoles en la zona de los volcanes de México.
Los mapas secretos del siglo XVII: cómo los pueblos defendieron sus tierras

Documentos pictóricos que resguardaban el territorio comunal

En la región de los volcanes de México, durante el siglo XVII, existió una estrategia ingeniosa de resistencia: mapas pintados a mano que servían como títulos de propiedad. Los Lienzos de San Andrés Metla y San Pablo Atlazalpan fueron creados por tlacuilos (pintores indígenas) contratados por los caciques locales, quienes necesitaban documentos visuales para defender sus tierras comunales ante el avance de los hacendados españoles.

El Lienzo de San Andrés Metla, pintado en 1674 por Francisco Paz Mejía, un tlacuilo indígena, ilustra claramente las colindancias entre los pueblos de Tlalmanalco, Cocotitlán, Miraflores y Temamatla. En la pintura aparecen iglesias, figuras de autoridades españolas como Don Martín Astorga y Don Juan Juárez, y detalles cruciales: las famosas «mojoneras» representadas como bultos de ladrillo que marcaban los límites territoriales. Estas señalizaciones físicas garantizaban que todos pudieran identificar dónde terminaban las propiedades comunales.

El fraile y el fundador: testigos de la legitimidad territorial

Lo más revelador del Lienzo de San Andrés Metla es la presencia de dos figuras clave: Tlamatzin, identificado como el Tlatoani (gobernante) de Chalco y fundador del pueblo de Metla, y Fray Martín, probablemente Fray Martín de Valencia, quien aparece evangelizando. La fecha de 1525 grabada en el documento es significativa: tan solo un año después de que los primeros frailes franciscanos llegaran a México el 13 de mayo de 1524, ya estaban presentes en esta región.

La inclusión de estas figuras no era casual. Al mostrar al fundador indígena y al fraile español juntos, el documento establecía una narrativa de legitimidad compartida. Demostraba que la comunidad tenía raíces prehispánicas y estaba integrada al nuevo orden colonial, lo que reforzaba sus derechos territoriales ante cualquier disputa legal.

Títulos Primordiales: defensa legal de lo comunal

El contexto histórico explica la urgencia de estos documentos. Durante el siglo XVII, la corona española promovía las «Composiciones de Tierras», un proceso que revisaba y redistribuía las propiedades comunales indígenas. Sin documentación legal formal, los pueblos originarios carecían de pruebas que reconocieran la corona como sus legítimos dueños. Los Lienzos funcionaron como Títulos Primordiales: documentos pictóricos que suplían la ausencia de títulos escritos españoles.

Los caciques y jueces de estos pueblos encargaban estas pinturas como estrategia de defensa explícita contra los hacendados que buscaban expandir sus propiedades agrícolas y esclavizar a la población indígena. Con los Lienzos en mano, los pueblos podían presentar ante las autoridades españolas una prueba visual de sus derechos ancestrales.

Vigilancia nocturna y demandas legales

La defensa de estas tierras no era meramente documental. En San Pablo Atlazalpan, municipio de Chalco, los originarios mantenían una vigilancia constante de sus fronteras, día y noche, para evitar que los hacendados invadieran sus dominios. Cuando surgían conflictos, presentaban estos mapas como evidencia en sus demandas contra las diferentes haciendas españolas de la zona de los volcanes.

Los Lienzos representan un acto de ingenio político: tomar las herramientas del sistema colonial—mapas, símbolos religiosos, autoridades españolas reconocidas—para defender lo que era fundamentalmente indígena: el territorio comunal y la dignidad de los pueblos originarios ante la rapacidad de los hacendados.

Fuente: Lienzo de San Andrés Metla, Wiki Filología UNAM

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