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Los secretos coloniales guardados en la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa

En Tlalmanalco, esta iglesia fundada en 1524 por franciscanos conserva lápidas de gobernantes indígenas, pinturas de tlacuilos y elementos que revelan 500 años de historia.
Los secretos coloniales guardados en la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa

Los secretos coloniales guardados en la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa

La iglesia de San Luis Obispo de Tolosa, en Tlalmanalco, es mucho más que un recinto religioso. Construida en 1524 por los primeros frailes franciscanos que llegaron a la Ciudad de México, directamente sobre el Centro Ceremonial prehispánico, alberga elementos históricos que han permanecido casi invisibles durante más de 500 años. Sus muros, pinturas y objetos sagrados cuentan historias de la época colonial que revelan la compleja convivencia entre españoles e indígenas en la Nueva España.

Una lápida que habla de poder indígena

El elemento más evidente de esta riqueza histórica es la lápida sepulcral empotrada en la fachada de la iglesia. Aunque el 20 por ciento del texto ya está borrado, aún es posible descifrar los nombres de dos gobernantes indígenas principales: Adjunto López Sayago, quien falleció en noviembre de 1631, y D. Carrillo Caballero, enterrado en 1696.

Esta inscripción es fundamental para entender la jerarquía social de la época. López Sayago ostentaba el título de Gobernador y Auxiliar Principal del cacique, mientras que la familia Ardilso representaba la nobleza indígena con un cacicazgo que conservaba apellidos españoles desde 1631. Solo a estos principales y gobernadores de la nobleza indígena se les concedía el honor de ser enterrados en el atrio o muros de la iglesia, con la ceremonia y reconocimiento que implicaba tener su título de propiedad grabado en piedra.

Un escudo de autoridad real

En el interior del templo, aunque deteriorado en un 80 por ciento, se conserva un escudo pintado que probablemente represente las armas de un fraile o superior religioso. La técnica utilizada —cal y pigmentos naturales— era común en la época, pero lo notable está en sus decoraciones: dos leones rampantes flanquean el escudo, símbolo inequívoco de nobleza y autoridad real. Arriba y abajo se despliegan grecas decorativas con flores de lis y granadas, elementos heráldicos españoles que reafirmaban el poder de la corona.

El arte de los tlacuilos: maestros indígenas olvidados

Pero quién merece mayor reconocimiento es el verdadero autor de estas obras maestras: un tlacuilo, pintor indígena noble de la escuela franciscana. Este artista no era un simple obrero, sino un maestro entrenado en lo que se conoce como Arte Tequitqui, un estilo único que solo se desarrollaba en conventos e iglesias de la Nueva España.

Es probable que este tlacuilo fuera donatario directo de López Sayago, lo que significa que trabajaba bajo su patrocinio. Su formación provenía de escuelas de arte fundadas por frailes como Fray Martín de Valencia, quien antes de su muerte el 21 de marzo de 1534, estableció en Tlalmanalco una escuela donde los tlacuilos más sobresalientes de las regiones de Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo y otras zonas podían perfeccionar su oficio. Aunque muchos permanecieron anónimos en los registros oficiales, sus obras trascienden el tiempo.

La pequeña pila bautismal: primer contacto con la fe

Otro objeto que merece atención es la pequeña pila de agua bendita ubicada dentro del recinto. Antes de que los canteros elaboraran las grandes pilas bautismales, esta pequeña cuenca de piedra pudo haber sido utilizada en los primeros bautizos masivos de los naturales de Tlalmanalco. Documentos de 1714, como el inventario de Juan Félix Ramírez, registran que el clérigo anotaba frecuentemente: «Retablo pintado por fulano indio», reconociendo así, aunque de manera breve, el trabajo de estos artistas indígenas.

Investigaciones en el Archivo General de la Nación han revelado que la fecha de 1525 aparece en un lienzo pintado sobre piel de venado, el mismo año en que Fray Martín de Valencia enseñaba el evangelio a los naturales de Metla, San Andrés Metla. Este contexto sugiere que la pequeña pila podría datar de ese período fundacional.

Un patrimonio vivo por descifrar

La iglesia de San Luis Obispo de Tolosa representa mucho más que un monumento del pasado. Es un documento vivo de cómo la conquista española se entrecruzó con la nobleza indígena, cómo los frailes franciscanos utilizaron el arte como herramienta de evangelización y cómo los artistas indígenas, aunque frecuentemente ignorados por la historia oficial, dejaron su marca en estructuras que perduran hasta hoy.

Más de 500 años de historia descansan en sus muros, esperando a que investigadores, historiadores y comunidades locales continúen descifrando los secretos que aún guardan sus pinturas descoloridas, sus lápidas gastadas y sus objetos sagrados. Cada elemento es una página de un libro colonial que merece ser leído con cuidado y reverencia.

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