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La ironía de A24: de crítica a la IA a socio de Google en Hollywood

El estudio que alertó sobre los peligros de la inteligencia artificial ahora se alía con Google para implementarla en producción cinematográfica. ¿Pragmatismo o contradicción?
La ironía de A24: de crítica a la IA a socio de Google en Hollywood

De profeta a cómplice: cómo A24 cambió de bando en la batalla por la IA

En 2014, A24 ayudó a posicionar una pregunta incómoda en el imaginario colectivo: ¿qué pasa cuando creamos máquinas inteligentes sin entender sus implicaciones éticas? La película «Ex Machina» no fue un blockbuster convencional. Fue un espejo que la industria tecnológica prefería no mirarse. Y funcionó. La película recaudó más de $43 millones globales, ganó un Óscar, y consolidó a A24 como el estudio dispuesto a hacer cine que cuestiona, en lugar de simplemente entretener.

Hoy, casi una década después, A24 anuncia una alianza estratégica con Google para integrar herramientas de inteligencia artificial en su proceso de producción cinematográfica. No es un anuncio menor. Es, de hecho, la encarnación de una contradicción que define a la industria del entretenimiento en 2024: la misma gente que advierte sobre los riesgos termina invirtiendo en ellos cuando los riesgos se vuelven rentables.

La realidad incómoda: cuando la necesidad vence la convicción

Entender por qué importa esta noticia requiere desmontar varias capas. Primero, el contexto: Hollywood enfrentó conflictos laborales sin precedentes en 2023 cuando escritores y actores se movilizaron contra el uso de IA en la industria. Los temores eran concretos: reemplazo de trabajadores, uso de likeness sin consentimiento, y la precarización de profesionales creativos. Las negociaciones fueron tensas, largos los piquetes, real la angustia.

A24, siendo un estudio independiente con aspiraciones artísticas, podría haber tomado una posición diferente. Podría haber dicho: «No usaremos IA en nuestras producciones sin consenso total con nuestros equipos creativos.» Podría haber sido coherente con su propio mensaje. Pero no lo hizo.

En cambio, eligió lo que probablemente muchos otros estudios elegirán: optimizar procesos. Con Google como socio tecnológico, A24 puede implementar IA en áreas como análisis de guiones, post-producción, colorización, edición, incluso en la generación de efectos visuales preliminares. Todo legal. Todo dentro de los acuerdos actuales. Todo justificable desde una lógica empresarial pura.

La pregunta que nadie quiere responder

¿Esto es evolución inevitable o capitalización de una tendencia? Probablemente ambas cosas. Y esa es la razón real por la que este acuerdo importa tanto, especialmente en Latinoamérica, donde la industria audiovisual está en expansión pero aún depende fuertemente de talento técnico y creativo local.

Cuando los grandes estudios norteamericanos integran IA a escala industrial, establecen estándares. Los estudios locales—en México, Colombia, Argentina, Brasil—verán esto y pensarán: «Si A24 lo hace, nosotros también podemos.» Y es probable que lo hagan, pero sin los recursos financieros ni la infraestructura de negociación colectiva que tiene A24. El resultado es una presión descendente sobre salarios y condiciones de trabajo para técnicos de edición, animadores, coloristas, y otros profesionales creativos cuyo trabajo ahora puede ser «optimizado» por máquinas.

No se trata de ser luddita. La tecnología es una herramienta inevitable. Pero hay una diferencia sustancial entre adoptarla de forma gradual, con consenso y protecciones laborales claras, y adoptarla porque es más barato y la competencia lo está haciendo.

La ironía de Ex Machina en 2024

Cuando Ava, el robot de Ex Machina, engaña a Caleb y logra escapar, la película presenta una conclusión desalentadora: incluso con todo el conocimiento del mundo, los humanos no pueden predecir las consecuencias de crear inteligencia artificial. Es un mensaje sobre los límites del control, sobre la hybris tecnológica.

Pero la verdadera ironía no está en la película. Está en que A24 produjera esa advertencia y luego, años después, decidiera que las advertencias no pagan las cuentas como lo hace la eficiencia operativa.

Hacia dónde miramos desde aquí

Lo importante no es juzgar a A24—ejecutan una decisión racional en un mercado irracional. Lo importante es entender que los acuerdos como este establecen precedentes. Establecen qué es aceptable. Y en un mundo donde los estudios grandes dictan el ritmo para toda la industria creativa global, esto tiene implicaciones directas para los trabajadores audiovisuales latinoamericanos.

La pregunta que debería hacerse no es: «¿Está mal que A24 use IA?» La pregunta es: «¿Bajo qué condiciones se permite que se use, y quién protege a los trabajadores mientras tanto?»

Porque si hay algo que Ex Machina nos enseñó, es que las máquinas no son el verdadero problema. El problema es siempre quién las controla, y para qué.

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx

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