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El gasto de los mexicanos sostiene una economía en equilibrio precario

Mientras inversión y exportaciones flaquean, el consumo interno es el único motor que mantiene a México en pie. Un modelo frágil que puede colapsar si los salarios se erosionan.
El gasto de los mexicanos sostiene una economía en equilibrio precario

Cuando el consumidor es el último salvavidas

México atraviesa una encrucijada económica silenciosa. Mientras las inversiones productivas desaceleran y las exportaciones enfrentan vientos en contra, existe un actor que sigue tirando del carro: el mexicano promedio que sale a comprar. Esta dependencia del consumo interno no es accidental. Es el resultado de años de debilidad en otros pilares de la economía que obligaron al país a apoyarse casi exclusivamente en lo que gastan las familias en sus hogares y en las calles.

La fragilidad de esta situación es palpable. Una economía sostenida por el consumo es como una casa apoyada en una sola columna: funciona mientras el terreno sea firme, pero cualquier temblor la puede derrumbar. En el caso mexicano, ese temblor podría venir de una pérdida de empleos, una caída brusca en los salarios reales o una subida inesperada de las tasas de interés que haga más caro el crédito con el que muchas familias financian sus compras.

¿Cuál es el problema real?

La razón por la cual México ha terminado en esta cuerda floja es compleja. La inversión privada nacional ha estado estancada durante años, con empresas desconfiadas o esperando mejores condiciones. La inversión extranjera directa, aunque presenta momentos de recuperación, sigue siendo insuficiente para impulsar sectores clave como manufactura avanzada o tecnología. Simultáneamente, las exportaciones tradicionales mexicanas —petróleo, automóviles, productos agrícolas— enfrentan presiones internacionales: caídas en precios del crudo, competencia en la industria automotriz y volatilidad de los mercados agrícolas.

En este contexto, el consumo se convirtió en el salvavidas. Los mexicanos siguieron comprando, en buena medida porque los salarios nominales crecieron —aunque no lo suficiente para compensar la inflación de años anteriores— y porque el acceso al crédito se mantuvo relativamente disponible. El resultado: el gasto de las familias tiró hacia adelante del crecimiento económico cuando nada más lo hacía.

Las cifras detrás del acto de fe

En términos concretos, el consumo privado representa aproximadamente el 65% de la demanda agregada mexicana. Esto significa que casi dos terceras partes del crecimiento económico dependen de lo que deciden gastar o ahorrar los ciudadanos. A modo de comparación, en economías más diversificadas como la de Brasil o Chile, ese porcentaje es más bajo y distribuido entre inversión, exportaciones netas y consumo. México, en cambio, está apostando casi todo a una sola carta.

Los datos de desempleo también revelan tensiones. Aunque las tasas oficiales se mantienen bajo control, el subempleo y la informalidad siguen siendo problemas estructurales que afectan la calidad del consumo. Muchas personas trabajan pero ganan poco, lo que significa que su capacidad de gasto es limitada y vulnerable a cualquier choque económico.

¿Qué sucede si el consumidor se cansa?

La pregunta que mantiene desvelados a economistas y autoridades es: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse este modelo? Si el consumo se contrae —algo que podría ocurrir si el empleo se deteriora o si las tasas de interés suben significativamente— no habría un plan B disponible. La inversión no está lista para tomar la batuta, las exportaciones no están creciendo al ritmo necesario, y el gasto público tiene límites fiscales.

Para países latinoamericanos como Chile o Colombia que enfrentaron situaciones similares, la lección fue clara: diversificar las fuentes de crecimiento no es lujo, es supervivencia. Invertir en educación, infraestructura y tecnología requiere tiempo, pero es la única forma de construir un crecimiento sostenible que no dependa de los caprichos del consumidor.

El camino hacia adelante

México no está en crisis inmediata, pero sí en una situación que demanda decisiones estratégicas. Fortalecer la inversión productiva, mejorar la competitividad de las exportaciones y crear empleos de mejor calidad son imperativos. Mientras tanto, el consumo seguirá siendo importante, pero no puede seguir siendo el único pilar sobre el cual se construye el futuro económico de 130 millones de mexicanos.

Información basada en reportes de: El Financiero

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