México plantea nueva estrategia en negociaciones sobre seguridad con EE.UU.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó la disposición de su administración para colaborar en asuntos de seguridad y control de drogas con Estados Unidos, pero estableció como condición fundamental que dicha cooperación sea recíproca y equitativa, rechazando implícitamente el carácter asimétrico que históricamente han caracterizado estos acuerdos.
La declaración ocurre en medio de presiones ejercidas por funcionarios estadounidenses, incluyendo al zar antidrogas nombrado por la administración de Joe Biden, quienes han insistido en un aumento de la persecución de cárteles de narcotráfico mexicanos. El posicionamiento de Sheinbaum marca un cambio de tono respecto a administraciones anteriores, estableciendo límites claros sobre qué tipo de intervención externa acepta el gobierno mexicano.
Antecedentes de una relación conflictiva
La cuestión del narcotráfico y la cooperación binacional ha sido históricamente uno de los temas más espinosos en la relación México-Estados Unidos. Desde el lanzamiento de la estrategia de guerra contra las drogas en los años setenta, Estados Unidos ha presionado a gobiernos mexicanos sucesivos para adoptar políticas cada vez más agresivas contra los cárteles, frecuentemente con resultados que ampliaron la violencia sin resolver el problema estructural.
Durante la administración de Felipe Calderón (2006-2012), el gobierno mexicano desplegó militares en operaciones antidrogas bajo la iniciativa Mérida, un programa de cooperación con Washington que canalizó miles de millones de dólares en armamento y entrenamiento. Este período coincidió con un aumento dramático de homicidios, alcanzando máximos históricos de violencia en 2011.
Posteriormente, Enrique Peña Nieto intentó un enfoque menos militarizado, aunque continuó bajo presión estadounidense. Andrés Manuel López Obrador, antecesor de Sheinbaum, adoptó la estrategia de «abrazos no balazos», buscando reducir la confrontación militar directa con grupos armados y enfatizando causas raíz como la pobreza y la corrupción.
El nuevo marco de negociación
La posición de Sheinbaum introduce un elemento de simetría en las demandas. Mientras Washington exige mayor acción mexicana contra el narcotráfico, la mandataria señala que México también requiere reciprocidad en temas como el control de armas de fuego que alimentan a los cárteles, la prevención del lavado de dinero en instituciones financieras estadounidenses y el combate a la corrupción en agencias federales norteamericanas que colaboran con narcotraficantes.
Este argumento no es nuevo, pero su énfasis por parte de la presidencia mexicana representa una estrategia de negociación más assertiva. Organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado que aproximadamente el 70% de las armas utilizadas por criminales en México provienen de Estados Unidos, principalmente a través de tráfico ilegal facilitado por la débil regulación en estados fronterizos como Texas y Arizona.
Contexto político actual
La administración Biden ha mostrado una posición más flexible respecto a la cooperación con México que su predecesora. Sin embargo, funcionarios como el zar antidrogas representan una línea más dura dentro del establishment de Washington, presionando por resultados tangibles que demuestren progreso en la captura de líderes de cárteles de alto nivel.
Para México, mantener esta posición requiere equilibrio político. Sheinbaum debe satisfacer demandas internas de reducción de violencia sin comprometer la soberanía nacional ni adoptar estrategias que históricamente han fracasado. Simultáneamente, debe negociar con una administración estadounidense que enfrenta presión doméstica por el fentanilo y otras drogas sintéticas que cruzan la frontera.
Implicaciones para la región
El enfoque de Sheinbaum potencialmente establece un precedente para otros gobiernos latinoamericanos en sus negociaciones con Washington sobre seguridad y drogas. Durante décadas, gobiernos de la región han aceptado asimetrías en las que Estados Unidos define prioridades sin asumir responsabilidades equivalentes sobre sus propias contribuciones al problema.
La insistencia en reciprocidad también refleja un cambio más amplio en la política exterior mexicana hacia mayor autonomía. La administración actual ha reducido dependencia de organismos multilaterales liderados por Washington y ha ampliado relaciones con potencias alternativas como China y Rusia.
Sin embargo, persisten interrogantes sobre si esta posición puede sostenerse sin afectar otros aspectos de la relación bilateral, particularmente en temas comerciales donde México depende significativamente del Tratado de Libre Comercio.
Información basada en reportes de: RT