Descubren en Ixtapaluca un códice prehispánico grabado en piedra
En un valle del poblado de San Francisco Acuautla, municipio de Ixtapaluca, reposa una roca con grabados prehispánicos conocida como «La Piedra Letrada». Lejos de ser solo decoración, investigaciones arqueológicas revelan que se trata de un códice elaborado por los olmecas-xicalancas entre los años 650 y 900 d.C., cuyo propósito era fundamental: registrar el conocimiento ancestral sobre el manejo del agua.
A pesar de su importancia histórica, este petrograbado permanece al aire libre y sus relieves se deterioran lentamente. Las autoridades culturales federal, estatal y municipal han dado poca atención a su preservación, dejando en manos de un colectivo cultural local la tarea de limpiar y proteger este patrimonio.
Un manual ritual grabado en roca
Los arqueólogos Ángel García Cook y Felipe Solís estudiaron esta piedra en los años 80 y concluyeron que funcionaba como un manual ritual para solicitar lluvia. El petrograbado no era un simple adorno, sino una «agenda» con instrucciones precisas sobre cuándo y cómo hacer el pedimento de aguas.
«No son dibujitos», explica la investigación. Es un manual del manejo de pedimento de las lluvias grabado en piedra, donde los olmecas-xicalancas indicaban: «Aquí hay tres manantiales, así le pides al cerro, estos días llueve».
Símbolos sagrados del agua
Cada elemento grabado en la roca tiene un significado específico. Los tres chalchihuites (del náhuatl chalchihuitl, que significa jade o joya preciosa) ubicados en el centro representan manantiales reales de Ixtapaluca. Para los antiguos, chalchihuitl significaba «agua-jade», el vital líquido.
Las espirales y grecas simbolizan nubes, viento y remolinos. Curiosamente, los graniceros tanto prehispánicos como actuales utilizan estos mismos símbolos para solicitar lluvia.
Los venados y aves grabados representaban animales del Popocatépetl e Iztaccíhuatl que existían en la época. El mensaje implícito en la piedra era una petición: «Te doy venado, dame agua».
Sacerdotes de Tláloc en ritual
Cinco figuras humanas con tocados aparecen en el petrograbado: dos grandes al centro con penachos y tres pequeñas. Estas representan a los tlaloques, sacerdotes del dios Tláloc. Los de mayor tamaño eran los sacerdotes principales, mientras que los pequeños eran sus ayudantes. Todos portan bastones de lluvia y bolsas con copal para realizar rituales que trajeran precipitaciones.
Las plantas de maíz y maguey también tienen presencia. Sin sus espigas ni pencas, simbolizan la petición de fertilidad agrícola con un mensaje claro: «Si nos das agua, tendremos maíz y pulque».
Las fechas calendáricas del ritual
Los petroglifos incluyen fechas del tonalpohualli (calendario ritual náhuatl): 1-Caña, 4-Movimiento y 2-Casa. Estas no eran arbitrarias. El 1-Caña marcaba años de sequía cuando era urgente pedir lluvia. El 4-Movimiento, día de temblor, se asociaba con la preocupación de que se secara el manantial. Funcionaban como la «agenda» de los rituales que debían realizarse.
Las serpientes y rayos representados mediante líneas quebradas onduladas simbolizaban la serpiente de fuego de Tláloc (Xiuhcoatl), el rayo que trae lluvia, además de ríos y barrancas por donde baja el agua.
Un mapa hidráulico ancestral
Investigadores proponen que la Piedra Letrada también funcionaba como mapa hidráulico. Los tres chalchihuites grandes señalaban los tres manantiales reales del territorio, mientras que las líneas grabadas representaban las barrancas que los conectaban entre sí.
Los sacerdotes olmecas-xicalancas utilizaban esta piedra de manera práctica: se paraban sobre ella, miraban hacia los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y seguían con el dedo los surcos de los chalchihuites y espirales. «Eso activaba el pedimento», según la interpretación de expertos. Dejaban ofrendas en los huecos de la roca: venado, maíz y pulque en recipientes llamados tecomates.
Patrimonio registrado pero desprotegido
El petrograbado está registrado en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con la clave E14-B23, lo que lo reconoce como patrimonio importante. Sin embargo, carece de custodios oficiales que garanticen su preservación.
Solo un colectivo cultural local de Ixtapaluca continúa realizando labores de limpieza y documentación, luchando contra el tiempo y el deterioro ambiental. A 1,400 años de su creación, la Piedra Letrada sigue esperando que las autoridades reconozcan el valor de este código ancestral del agua.