¿Hacia dónde se dirige la economía mexicana?
México se encuentra en un momento delicado. Mientras algunos indicadores muestran mejoras en la actividad económica, una combinación de factores externos e internos genera una incertidumbre que no se puede ignorar. Para millones de mexicanos, esta encrucijada se traduce en preguntas concretas: ¿habrá más empleos? ¿subirán o bajarán los precios? ¿valdrá la pena invertir en un negocio?
La respuesta no es simple, y eso es precisamente lo que preocupa a analistas, empresarios y funcionarios.
Las señales positivas que generan esperanza
Comencemos por lo alentador. En los últimos trimestres, la economía mexicana ha mostrado cierta resiliencia. El sector manufacturero mantiene una actividad relativamente estable, las remesas continúan llegando a millones de familias (en 2023 superaron los 60,000 millones de dólares), y el turismo sigue siendo un motor importante de divisas.
Además, México conserva ventajas competitivas que otros países en América Latina envidian: su proximidad geográfica a Estados Unidos, su participación en cadenas globales de valor y una población joven que representa potencial laboral.
Sin embargo, estas luces verdes no deben cegarnos ante lo que viene en el horizonte.
El tsunami de la incertidumbre comercial
La relación comercial con Estados Unidos es la columna vertebral de la economía mexicana. Aproximadamente el 80% de las exportaciones mexicanas van hacia el norte, y eso genera una vulnerabilidad estructural importante.
Las tensiones comerciales recientes, incluidas las amenazas arancelarias y las discusiones sobre el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), han creado un clima de desconfianza. Las empresas no saben qué reglas del juego aplicarán en los próximos meses, y cuando hay incertidumbre regulatoria, los empresarios típicamente hacen una cosa: esperan.
Esa espera se traduce en pausas en la inversión, contratación más cautelosa y presupuestos más ajustados. Para un trabajador o emprendedor mexicano, significa menos oportunidades de crecimiento laboral y profesional.
La renegociación del T-MEC: ¿oportunidad o amenaza?
El tratado que rige el comercio entre los tres países norteamericanos está sujeto a revisiones. En teoría, esto podría ser positivo: una oportunidad para modernizar reglas que tienen más de 30 años de antigüedad.
En la práctica, sin embargo, la revisión introduce variables impredecibles. Sectores clave como el automotriz, agrícola y de tecnología podrían ver cambios significativos en sus condiciones de operación. ¿Subirán los requisitos de contenido local? ¿Habrá nuevas restricciones? ¿Aumentarán los costos de cumplimiento?
Esta ambigüedad frena decisiones de inversión a mediano y largo plazo, que es precisamente lo que México necesita para acelerar su crecimiento.
El problema más profundo: inversión privada en picada
Detrás de las cifras macroeconómicas existe un problema structural más grave: la inversión privada no crece al ritmo necesario. Entre 2018 y 2023, la inversión privada como porcentaje del PIB se mantuvo estancada o en descenso relativo.
¿Por qué importa esto? Porque sin inversión privada no hay nuevas fábricas, nuevas máquinas, nuevos procesos productivos. Sin eso, la productividad se queda rezagada. Y sin productividad, los salarios reales terminan siendo erosionados por la inflación.
Para un empleado mexicano promedio, significa que aunque el empleo siga creciendo, las condiciones laborales pueden no mejorar significativamente. Para un pequeño empresario, significa acceso limitado a capital para modernizar su operación.
México en contexto latinoamericano
La situación mexicana debe verse también dentro del panorama regional. Mientras Chile enfrenta volatilidad política y Brasil lidia con inflación persistente, México tiene la ventaja de la estabilidad política relativa. Perú y Colombia enfrentan desafíos de violencia y gobernanza que México, por ahora, ha evitado.
Pero esta ventaja comparativa no es garantía de prosperidad. Es más bien un punto de partida que debe aprovecharse.
¿Qué viene ahora?
Los próximos 12 a 24 meses serán críticos. Las decisiones en materia de política comercial, inversión pública y certidumbre regulatoria determinarán si México logra acelerar su crecimiento o si entra en una fase de estancamiento disfrazado de estabilidad.
Para el ciudadano mexicano común, la pregunta es clara: ¿habrá más oportunidades de empleo bien remunerado? ¿Mejorará el poder adquisitivo? ¿Será posible iniciar y crecer un negocio con confianza?
Mientras se responden estas preguntas, una cosa es segura: la economía mexicana no es inmune a las fuerzas globales, y la incertidumbre sigue siendo su mayor enemigo.
Información basada en reportes de: El Financiero