Sábado, 13 de junio de 2026 Edición Impresa
Recientes
¿Qué pasa cuando tu marca desaparece de las IA? La carrera por visibilidad en ChatGPTCuando la inteligencia artificial falla: la historia de un pescador atrapado por algoritmosTensión en el Azteca: protestas y operativo policial opacaron debut mundialistaEl desafío silencioso de las pensiones en México más allá de la reformaOrganizaciones de buscadores denuncian desapariciones como política sistemáticaLa brecha educativa que no ganamos: por qué Argentina quedó fuera del podio globalCalifornia invierte 46 millones para rescatar río binacional entre México y EUCalifornia invierte 46 millones para descontaminar río fronterizo que afecta a México¿Qué pasa cuando tu marca desaparece de las IA? La carrera por visibilidad en ChatGPTCuando la inteligencia artificial falla: la historia de un pescador atrapado por algoritmosTensión en el Azteca: protestas y operativo policial opacaron debut mundialistaEl desafío silencioso de las pensiones en México más allá de la reformaOrganizaciones de buscadores denuncian desapariciones como política sistemáticaLa brecha educativa que no ganamos: por qué Argentina quedó fuera del podio globalCalifornia invierte 46 millones para rescatar río binacional entre México y EUCalifornia invierte 46 millones para descontaminar río fronterizo que afecta a México

El recetario neoliberal que resurge: ¿Puede México resolver sus problemas despidiendo Estado?

Un empresario mexicano retoma la vieja promesa de reducir impuestos y despedir burócratas. La historia de América Latina sugiere que las respuestas no son tan simples.
El recetario neoliberal que resurge: ¿Puede México resolver sus problemas despidiendo Estado?

El espejismo de la austeridad republicana

Cada cierto tiempo, algún personaje con poder económico o político se presenta ante las cámaras con una receta que suena liberadora: menos gobierno, menos impuestos, menos gasto público. Es un libreto conocido, casi un ritual en la política occidental. Y México no es la excepción. Ricardo Salinas Pliego, empresario de amplio alcance mediático, recientemente expuso su visión de un México alternativo donde la austeridad fiscal sería el motor del cambio.

Lo interesante no es que alguien proponga esto. Lo preocupante es que siga funcionando retóricamente. Porque la propuesta de reducir drásticamente la burocracia y los gravámenes no es nueva; es casi tan antigua como la República misma. Y sin embargo, cada generación parece descubrirla como si fuera revelación.

El atractivo del discurso simplificador

Comprendo por qué estos argumentos resuena en una sociedad cansada. México enfrenta problemas genuinos: ineficiencia estatal, corrupción, servicios deficientes. Un ciudadano que paga impuestos y recibe poco a cambio tiene todo el derecho de cuestionar dónde va su dinero. Esa frustración es legítima y no debe ignorarse.

Pero aquí radica el peligro de la simplificación: entre diagnosticar correctamente los síntomas y prescribir la cura correcta hay un abismo. «Despedir millones de burócratas» suena decisivo, viril incluso. Pero ¿cuáles millones? ¿Los que atienden pensiones? ¿Los que registran propiedades? ¿Los policías? ¿Los maestros de escuelas públicas?

Lecciones incómodas desde el sur

América Latina ha experimentado este experimento antes. Argentina, Chile, Perú: todos países donde gobiernos de distintos signos intentaron resolver problemas crónicos con cirugía fiscal drástica. Los resultados no fueron uniformemente positivos.

Argentina bajo Menem en los noventa parecía funcionar: inflación controlada, confianza empresarial. Pero la castración del Estado llevó a la quiebra de servicios esenciales y, eventualmente, a una crisis catastrófica. Chile desarrolló infraestructura más eficiente, cierto, pero profundizó desigualdades que hoy generan conflictividad social.

No digo que la ineficiencia estatal no sea un problema. Pero trasladar el modelo de una empresa privada al aparato público es confundir categorías. El Estado no busca ganancias; busca cobertura. No atiende solo a clientes solventes; atiende a todos. Son lógicas distintas.

La pregunta incómoda sobre quién paga

Cuando se propone bajar impuestos simultáneamente con reducir gasto, emerge una pregunta que los defensores de estas medidas rara vez responden con claridad: ¿A quién se reduce? ¿Se reduce uniformemente? La experiencia muestra que los tributos a grandes corporaciones descienden más rápido que los impuestos al consumidor promedio, y el gasto que se corta suele afectar primero a población vulnerable.

En México, donde millones dependen de programas asistenciales, educación pública y salud estatal, la pregunta no es académica. Es visceral.

Lo que falta en el debate

No estoy argumentando que el actual modelo de gasto público sea intocable. Claramente, México requiere modernización administrativa, eficiencia, auditoría. El problema es que la retórica neoliberal que resurge en boca de empresarios evita la discusión incómoda sobre redistributividad, sobre quién financia el Estado y quién se beneficia.

Un verdadero proyecto reformista tendría que responder: ¿Qué servicios se mantienen? ¿Para quién? ¿Con qué presupuesto? ¿De dónde sale el dinero? Estos son debates legítimos, necesarios incluso. Pero no pueden reducirse a consignas.

Reflexión final: La política no es contabilidad

México necesita reformas. Pero las reformas duraderas no nacen de recetas que prometen soluciones sin costo político. Nacen de acuerdos, de debate honesto sobre prioridades, de transparencia sobre quién gana y quién pierde.

Cuando un empresario propone su visión presidencial desde la seguridad de sus holdings corporativos, los ciudadanos deberían preguntar: ¿Esta propuesta me beneficia a mí, o beneficia primariamente a quienes ya tienen recursos para proveerse servicios privados?

Esa pregunta, incómoda pero necesaria, es la que define si estamos ante pensamiento político o solo ruido empresarial disfrazado de programa.

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →