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David Pablos lleva al cine una herida sin cicatrizar de México

Tras recorrer 40 festivales, 'En el camino' llega a salas comerciales como un retrato íntimo del norte mexicano que confronta las fracturas de una nación.
David Pablos lleva al cine una herida sin cicatrizar de México

Una película que se atreve a mirar de frente

Hay películas que llegan a las pantallas como actos de valentía. ‘En el camino’, dirigida por David Pablos, es una de ellas. Después de transitar por los circuitos de festivales cinematográficos durante meses —acumulando reconocimientos en alrededor de 40 espacios de proyección internacional— la cinta finalmente abre sus puertas a las salas comerciales mexicanas este fin de semana. No se trata de un evento menor. Es el arribo a la cartelera popular de una obra que ha sido caracterizada como una exploración sin filtros de las fracturas profundas que atraviesan la sociedad mexicana contemporánea.

El cine de autor tiene a menudo una relación compleja con el mercado. Mientras las producciones de mayor presupuesto buscan el entretenimiento masivo, las películas más reflexivas, aquellas que prefieren la incomodidad a la complacencia, deben recorrer un camino más tortuoso hacia el público general. Que ‘En el camino’ haya navegado exitosamente el circuito festival internacional antes de llegar a las salas comerciales sugiere algo fundamental: esta historia tiene algo que decir que trasciende los espacios especializados de cinéfilos y críticos.

El viaje como espejo de una realidad

La road movie es un género clásico del cine, casi tan antiguo como el séptimo arte mismo. Desde las épocas doradas de Hollywood hasta las experimentaciones contemporáneas, el viaje por carretera ha servido como metáfora perfecta para explorar identidad, transformación y los rostros ocultos de una nación. David Pablos, al situar su narrativa en el norte de México, elige un terreno particularmente cargado de significado y tensión.

El norte mexicano ha sido durante décadas un escenario de contradicciones visibles: modernidad y marginalidad conviviendo, espacios de oportunidad económica junto a vulnerabilidades sociales extremas, historias de migración y permanencia entrelazadas. Que Pablos decida contar una historia íntima en este contexto geográfico no es casual. Es, más bien, una decisión artística consciente de que el dolor personal resuena diferente cuando se sitúa en un paisaje herido.

Crudeza como compromiso ético

La descripción de la película como ‘cruda e íntima’ revela algo esencial sobre el enfoque del director. No estamos ante un ejercicio de exotismo o exploración turística de la problemática mexicana. La intimidad sugiere proximidad, una voluntad de conocer desde adentro. La crudeza, a su vez, implica la renuencia a suavizar, a embellecer con recursos cinematográficos lo que simplemente es áspero, conflictivo, real.

En un panorama cinematográfico donde a menudo prevalece el entretenimiento ligero y las narrativas que buscan la comodidad emocional del espectador, esta postura representa casi un acto de disidencia. Pablos parece proponer que el cine tiene también la responsabilidad de nombrar lo innombrable, de sacar a la luz aquello que la sociedad preferiría mantener en la sombra.

Un reconocimiento que precede al gran público

Que la película haya sido aclamada en 40 festivales antes de su estreno comercial no es un detalle menor. Los festivales internacionales funcionan como espacios de validación y diálogo crítico. El hecho de que ‘En el camino’ haya encontrado resonancia en comunidades cinematográficas diversas, en contextos geográficos y culturales variados, habla de una capacidad de trascendencia que va más allá de lo meramente local.

Sin embargo, existe también una pregunta implícita: ¿conseguirá esta película conectar con el público mexicano que accede al cine de entretenimiento masivo? ¿Podrá una narrativa tan compleja y probablemente incómoda encontrar su audiencia en las salas comerciales, donde las familias buscan historias más convencionales? La respuesta a estas preguntas será crucial no solo para el destino comercial de ‘En el camino’, sino como indicador del apetito social por historias que se atrevan a problematizar la realidad desde la complejidad.

El cine como acto político

Toda película que elige retratar las heridas de una sociedad es, en cierto sentido, un acto político. No necesariamente porque lleve mensajes explícitos o consignas, sino porque rechaza la neutralidad. David Pablos, al dirigir su mirada hacia lo que denomina una ‘herida abierta’ de México, está realizando un gesto de responsabilidad cultural.

En momentos donde la violencia, la desigualdad y el desplazamiento marcan la experiencia de millones de mexicanos, el cine que se atreve a mirar directamente, sin la mediación de géneros que suavicen o espectacularicen, cumple una función social que va más allá del entretenimiento. Es testimonio, es diálogo, es invitación a la reflexión compartida.

Este fin de semana, ‘En el camino’ llama a las puertas de los cines mexicanos no como un producto de consumo, sino como una propuesta de encuentro con la realidad. Queda por verse si la audiencia está dispuesta a aceptar la invitación.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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