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Tlalmanalco de Velázquez: la historia de un fraile que defendió a los indígenas

En 1894, el gobernador José Vicente Villada Perea añadió el apellido Velázquez al municipio mexiquense en honor a Fray Juan de Velázquez, franciscano que protegió a los pueblos originarios en el siglo XVII.
Tlalmanalco de Velázquez: la historia de un fraile que defendió a los indígenas

Un fraile franciscano que se convirtió en leyenda

El 9 de octubre de 1894, el Congreso del Estado de México emitió un decreto que cambiaría el nombre de un pueblo para siempre. El Decreto Núm. 39 establecía que Tlalmanalco sería conocido de ahora en adelante como Tlalmanalco de Velázquez, un reconocimiento a la memoria de Fray Juan de Velázquez, el franciscano que dejó una huella indeleble en la región durante el siglo XVII.

El gobernador constitucional del Estado de México, José Vicente Villada Perea, fue quien impulsó esta decisión como parte de una estrategia de renombramiento de pueblos bajo el concepto de «Héroes civilizadores». A Tlalmanalco le tocó honrar al fraile que, más que conquistador espiritual, fue defensor de los pueblos originarios frente a los abusos de las autoridades coloniales.

Quién fue Fray Juan de Velázquez

Fray Juan de Velázquez nació en Cuéllar, Segovia, alrededor de 1550. Llegó a Nueva España en 1575 como parte de la Orden de los Frailes Menores (franciscanos descalzos), iniciando así una vida dedicada al servicio de los naturales de la región. Se convirtió en guardián del convento de San Luis Obispo de Tolosa en Tlalmanalco, cargo que ocupó durante ocho años hasta su muerte el 14 de agosto de 1603.

Su legado no fue el de un evangelizador tradicional. Según los registros históricos, Fray Juan de Velázquez se destacó por calmar los conflictos entre los pueblos de la zona de los volcanes, defender a los indígenas de los abusos de los alcaldes mayores y repartir tierras entre las comunidades. Su reputación fue tal que, según la crónica de Vetancur de 1697, vivió «con opinión de santo».

Un legado documentado en archivos

La historia de Fray Juan de Velázquez no es anécdota. Existe documentación oficial que respalda su importancia histórica. El Decreto 39 de 1894 se encuentra registrado en la Colección de Decretos del Estado de México, Tomo XXII, página 112, y se conserva en el Archivo Histórico del Estado de México.

El documento original establece: «Se concede al pueblo de Tlalmanalco, Distrito de Chalco, llevar en lo sucesivo el título de Tlalmanalco de Velázquez, en memoria de Fray Juan Velázquez, de la Orden de San Francisco».

Además, el Libro de Entierros de Tlalmanalco de 1603 registra: «En catorce días del mes de agosto de mil seiscientos y tres años, murió el muy reverendo padre Fray Juan Velázquez, de la Orden de San Francisco, guardián de este convento de San Luis de Tlalmanalco».

La paradoja de la memoria oficial

Hay una ironía notable en esta historia. Mientras que Villada Perea y otros gobernadores de la época utilizaban el nombre de Fray Juan de Velázquez como propaganda de que «nosotros sí cuidamos a los indios», en realidad, durante esos mismos años, se estaban despojando de tierras a los pueblos originarios para beneficio de las haciendas. El reconocimiento oficial al fraile defensor de indígenas ocurría justamente cuando la política de gobierno continuaba marginando a esas mismas comunidades.

El cuerpo de Fray Juan de Velázquez permanece enterrado en la iglesia del convento de Tlalmanalco, en la capilla mayor, donde fue sepultado el 15 de agosto de 1603 con la presencia de todo el pueblo y religiosos provenientes de los conventos cercanos de Amecameca, Chalco y Tlayacapan. Su legado, reflejado en el nombre del municipio, perdura como testimonio de una figura que priorizó la dignidad humana en tiempos de conquista espiritual.

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