El fútbol en México: de deporte popular a espectáculo comercial
Durante décadas, el fútbol fue en México mucho más que un deporte. Representaba pasión, convivencia, identidad y alegría colectiva. Las calles se convertían en canchas improvisadas donde niños y jóvenes jugaban sin más equipamiento que montones de ropa que servían de porterías. Los adultos disputaban épicos encuentros en campos de tierra y piedra. Era una práctica social que unía a personas de todas las clases sociales alrededor de un balón. Pero esa México ya no existe.
La televisión: catalizador de una transformación
La llegada de la televisión fue el punto de quiebre. Antes de los años sesenta, el fútbol no era realmente el deporte nacional. En el norte predominaba el béisbol, en las escuelas había canchas de basquetbol, y en el sur apenas se practicaba. Fue la transmisión dominical en blanco y negro la que cambió todo. Personas sin televisor se reunían frente a las tiendas comerciales para ver los partidos en los aparadores. La TV convirtió el fútbol en un fenómeno de masas.
Sin embargo, lo que la televisión regaló con una mano, la comercialización lo arrebató con la otra.
La industria que devoró al deporte
Hoy el fútbol mexicano es una enorme industria que mueve miles de millones de dólares. El deporte basado en talento, orgullo y convivencia social se ha transformado en un espectáculo dominado por contratos millonarios, derechos televisivos y estrategias de mercado. La esencia original ha sido marginada.
Los estadios ya no pertenecen a las ciudades sino a instituciones comerciales. El Estadio Azteca, nombrado así en honor a nuestras raíces prehispánicas, ahora lleva el nombre de un banco. Las entradas a los eventos tienen precios discriminatorios que solo permiten el acceso a clases sociales de alto nivel económico. Incluso ver los partidos por televisión ya no es gratuito.
El próximo mundial es el ejemplo más desagradable de esta realidad. El acceso está limitado por precios absurdos, y la mayoría de los partidos tendrá un costo de transmisión.
¿Fútbol y salud? Una pregunta sin respuesta
La pregunta fundamental es: ¿realmente el fútbol actual es sinónimo de salud? La respuesta es no, al menos no como se está manejando actualmente.
Los jóvenes que lo practican ya no piensan en los beneficios del deporte, sino en convertirse en profesionales millonarios. Los que lo ven por televisión lo acompañan con bebidas alcohólicas y alimentos chatarra. Compran playeras a costos absurdos como si representaran un valor sustancial. Incluso las instituciones político-administrativas usan los eventos deportivos como distractores de los verdaderos problemas del país, en lugar de promover el fútbol como una opción genuina de beneficio para la salud de la población.
La nostalgia de 1970
Quién vivió el mundial de 1970 en México recuerda una experiencia diferente. El diálogo en todos lados era el fútbol. Existía la ilusión genuina de que la selección mexicana sería campeona, que Pelé visitaría nuestro país. Hacer largas filas para comprar una entrada no era una molestia, era parte de la celebración. El Estadio Azteca reflejaba verdaderamente la esencia de México.
Ese México futbolero, donde el deporte unía comunidades y promovía salud física y mental, parece haber desaparecido bajo el peso de la comercialización. El fútbol sigue siendo el deporte más popular del país, pero ha perdido lo que realmente lo hacía valioso: ser un espacio de convivencia accesible, de identidad colectiva y de beneficio genuino para la salud.
Por Dr. Arnulfo L’Gámiz Matuk, Investigador del CICSA de la Universidad Anáhuac, Miembro de la Academia Mexicana de Educación y de la Academia Mexicana de Medicina