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Las universidades públicas en la encrucijada: ciencia vs. extractivismo

UNAM, UAM e IPN analizan viabilidad del fracking. Un dilema que pone a prueba el compromiso de la academia con la sustentabilidad.
Las universidades públicas en la encrucijada: ciencia vs. extractivismo

Las universidades públicas en la encrucijada: ciencia vs. extractivismo

La presidencia ha convocado a las máximas casas de estudio del país para evaluar la posibilidad de intensificar la extracción de hidrocarbonos mediante técnicas de fractura hidráulica. Se trata de un momento crucial que revela las tensiones profundas entre la generación de conocimiento científico riguroso y las presiones de una agenda energética orientada hacia modelos extractivistas.

Cuando la ciencia se ve obligada a elegir bando

La conformación de este grupo de expertos integrado por académicos de las universidades públicas más prestigiosas del país no es un acto administrativo menor. Representa, en cambio, una apuesta del gobierno por legitimizar decisiones energéticas a través del respaldo de instituciones que históricamente han gozado de autonomía y credibilidad. La pregunta que flota en el ambiente de cualquier aula universitaria es incómoda: ¿hasta dónde llega esa autonomía cuando se trata de evaluar proyectos que el Estado ya ha priorizado?

La Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Instituto Politécnico Nacional representan tres visiones distintas de la educación superior pública mexicana. Su participación conjunta en este análisis es, en sí misma, un síntoma de la magnitud que el gobierno le asigna a esta decisión. Sin embargo, también genera interrogantes sobre la independencia de juicio y la capacidad de estas instituciones para cuestionar una política que ya parece trazada.

El fracking en contexto: una deuda latinoamericana con el futuro

La fractura hidráulica no es una tecnología nueva, pero en América Latina sigue siendo controversial. Mientras Argentina y Brasil han explorado esta vía con resultados mixtos y costos ambientales documentados, otros países han optado por fortalecer inversiones en energías renovables. México, con su vasta riqueza solar y eólica, podría parecer un caso donde la decisión debería ser evidente.

Sin embargo, la realidad fiscal es más compleja. La producción de petróleo y gas natural sigue siendo fundamental en los ingresos tributarios nacionales. Para un gobierno que necesita recursos inmediatos, la opción de extraer más hidrocarburos mediante técnicas intensivas tiene una lógica de corto plazo que la academia no puede ignorar, aunque sí debe cuestionarla profundamente.

Lo que está realmente en juego

Este análisis de factibilidad toca temas que van más allá de la ingeniería y la geología. Implica evaluar impactos en acuíferos, emisiones de gases de efecto invernadero, riesgos sísmicos y consecuencias para comunidades rurales e indígenas. Son preguntas que requieren no solo expertise técnica, sino marcos éticos claros sobre qué modelo de desarrollo queremos para México.

La academia mexicana ha demostrado capacidad para generar investigación crítica sobre extractivismo. Decenas de estudios universitarios han documentado los daños ambientales del fracking en otras regiones. La tarea ahora será traducir ese conocimiento acumulado en recomendaciones que se atrevan a ser impopulares si la evidencia científica lo amerita.

Un llamado a la coherencia institucional

Las universidades públicas mexicanas han invertido recursos y prestigio en formar expertos en energías limpias, en desarrollar programas de sustentabilidad ambiental y en fomentar el pensamiento crítico. Tienen laboratorios de investigación, centros especializados y miles de académicos dedicados a imaginar futuros más sostenibles.

Si el análisis que estas instituciones realicen sobre el fracking termina siendo un ejercicio de legitimación de una decisión ya tomada, el costo no será solo ambiental o económico. Será un costo institucional profundo, una erosión de la credibilidad de la academia como espacio donde la verdad científica prima sobre las conveniencias políticas.

Hacia adelante: preguntas que deben responderse

Los académicos convocados tienen una responsabilidad histórica. Deben preguntarse: ¿cuál es el costo real del fracking para los acuíferos de México? ¿Qué alternativas energéticas genuinas existen? ¿Podemos permitirnos una década más de dependencia de hidrocarburos cuando la tecnología renovable avanza exponencialmente?

La esperanza radica en que la ciencia, cuando se ejerce con rigor y valentía, tiene la capacidad de iluminar caminos que las agendas políticas quieren mantener en la sombra. Las universidades públicas mexicanas tienen la oportunidad de demostrar que su compromiso con el conocimiento es más profundo que su dependencia presupuestaria.

El futuro energético de México se está decidiendo ahora, no en los escritorios presidenciales, sino en los laboratorios y aulas donde la próxima generación está aprendiendo a pensar críticamente sobre el mundo que heredará. Esa es la verdadera apuesta de este grupo de expertos.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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