Cuatro décadas de espera por un museo que nunca llega
San Antonio Tlaltecahuacan guarda un tesoro arqueológico que cumple hoy 40 años de su descubrimiento, pero aún espera los recursos y la voluntad política para exhibirlo dignamente. El 30 de abril de 1984, trabajadores que instalaban la red hidráulica frente a la iglesia de San Antonio de Padua encontraron más de cien piezas prehispánicas que deberían estar en un museo, pero permanecen en la sacristía del templo.
Un hallazgo extraordinario en las entrañas de la tierra
El descubrimiento fue espectacular. Entre las piezas más valiosas destaca una osamenta de aproximadamente 2.20 metros de altura, que por su tamaño y las ofrendas que la acompañaban probablemente corresponde a una mujer de alto rango: una reina o capitán de ejército, según sugieren los expertos que han estudiado el hallazgo.
Junto a esta osamenta aparecieron monolitos dedicados a deidades como Centeocihuatl y Chalchiuhtlicue, dos Pantlis —estructuras rituales— y decenas de figuras de Tláloc y malacates. El conjunto forma un registro arqueológico completo del México prehispánico que podría ser invaluable para entender la historia de la región.
La tormenta que asustó a los vecinos
El hallazgo generó revuelo en la comunidad. Aquella tarde, mientras los vecinos se reunían para ver las reliquias precolombinas, una fuerte lluvia acompañada de granizo azotó la delegación. La población interpretó el evento como una señal divina y pidió que las piezas fueran enterradas nuevamente. Con el permiso del responsable de la iglesia, trasladaron todo lo encontrado a la sacristía, donde permanece desde entonces.
Intentos fallidos de crear un espacio digno
Durante la administración de Ana Gabriela Velázquez Quintero, se hizo un intento por crear un museo. Compraron vitrinas y las instalaron en el edificio de la delegación, pero el proyecto quedó en suspenso. El Centro INAH del Estado de México argumentó que se requerían expertos en museografía para determinar cómo y dónde instalar las piezas correctamente. Desde entonces, nada ha avanzado.
Un patrimonio perdido para el turismo
La comunidad ve en estas reliquias una oportunidad económica desaprovechada. Un museo comunitario bien estructurado podría convertirse en un detonante del turismo en Tlaltecahuacan, conocida como las «Tierras del Sur». El potencial está ahí: piezas excepcionales, una historia fascinante y una comunidad dispuesta a preservar su patrimonio.
Pero después de cuatro décadas, las promesas siguen sin cumplirse. Las joyas arqueológicas continúan guardadas en una sacristía, esperando el día en que la administración municipal y el INAH decidan darles el lugar que merecen: un museo que las exhiba y las proteja para las futuras generaciones.