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Tras 60 años de tradición, piden terreno para templo en Papaloaque

La familia Guzmán Galicia solicita al Núcleo Ejidal de Tlalmanalco 200 metros de tierra para construir un Centro Ceremonial donde honrar la ancestral ceremonia de petición de lluvias.
Tras 60 años de tradición, piden terreno para templo en Papaloaque

Ceremonia prehispánica busca permanencia en Cerro Papaloaque

En Tlalmanalco, a más de dos horas de la cabecera municipal por un camino de terracería, existe un lugar sagrado donde durante más de seis décadas la familia Guzmán Galicia mantiene viva una tradición que se remonta a la época prehispánica: la ceremonia anual de petición de lluvias en el Cerro Papaloaque, cuyo nombre significa «Donde Abunda las Mariposas».

Ahora, los organizadores de este evento religioso hacen un llamado al Núcleo Ejidal Emiliano Zapata para donar 200 metros de terreno y construir un Centro Ceremonial junto al Pocito de Agua, un sitio considerado sagrado por la comunidad.

Una tradición que viene desde los ancestros

José Ángel Guzmán Galicia, custodio actual de esta práctica, relata cómo sus antepasados llegaban cada año al Cerro Papaloaque para venerar a la deidad de Tláloc y pedir por abundantes cosechas. «Yo que me acuerde, en mi infancia mis padres y abuelos nos traían a este bello paraje, para rendir culto al creador del universo y pedir por las lluvias en nuestras cementeras agrícolas», comparte.

El abuelo de José Ángel, Miguel Galicia Hernández, fue quien instaló las Tres Cruces que marcan este espacio sagrado. En sus mejores momentos, cientos de familias ascendían al cerro para participar en la celebración, aunque con el paso del tiempo la asistencia ha disminuido considerablemente.

La celebración evoluciona, pero persiste

Hoy, la ceremonia se sostiene gracias al trabajo voluntario de varias familias, como la Galicia Flores, que preparan la comida y garantizan que el evento continúe. Aunque antiguamente los Cegadores eran los encargados de danzar después de la misa, ahora son los Concheros quienes mantienen esta expresión cultural, pidiendo a través de la danza por las lluvias que fecundan los campos.

El ascenso al Cerro Papaloaque es una experiencia en sí misma. Los visitantes viajan en camiones de redilas por un camino accidentado donde experimentan «la Ramona»: ramas de árboles que obligan a los viajeros a agacharse para no golpearse, añadiendo un elemento lúdico al peregrinaje.

Un templo para las nuevas generaciones

José Ángel Guzmán Galicia hace un llamado específico: «Pido al Núcleo Ejidal Emiliano Zapata, de Tlalmanalco, done 200 metros de tierra para que se construya un templo dedicado a las Tres Cruces, donde cada año se veneren». Su propuesta incluye un componente ambiental: que la población traiga árboles para plantar, asegurando oxígeno y un compromiso con la sustentabilidad.

El objetivo es doble: preservar esta rica tradición centenaria para que las nuevas generaciones continúen visitando el Cerro Papaloaque, y crear un espacio permanente que honre la cosmovisión de los pueblos originarios. Una celebración similar se repetirá el próximo 3 de mayo en Techimalco, en el Paraje conocido como «El Lugar del Escudo de Piedra», en la festividad de la Santa Cruz.

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