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290 años de franciscanos en Tlalmanalco: entre la evangelización y la defensa indígena

Desde 1530 hasta 1820, frailes franciscanos y alcaldes originarios de Tlalmanalco protagonizaron una historia de conflictos por tierras, tributos y derechos que marcó la cuna de la evangelización en México.
290 años de franciscanos en Tlalmanalco: entre la evangelización y la defensa indígena

TLALMANALCO, Méx. Durante casi tres siglos, la historia de Tlalmanalco se escribió en la tensión permanente entre franciscanos y alcaldes indígenas. Entre 1530 y 1820, estos frailes no solo evangelizaron a los naturales de esta comunidad, sino que también protagonizaron conflictos constantes por la defensa de tierras, el cobro de tributos y los derechos de la población originaria. Una historia que convirtió a Tlalmanalco en la «Cuna de la Evangelización en México».

Los primeros frailes: Fray Martín de Valencia y Fray Juan de Rivas

Todo comenzó en 1525, un año después de que los primeros 12 franciscanos llegaran a tierras mexicanas el 13 de mayo de 1524. Fray Martín de Valencia y Fray Juan de Rivas fueron los pioneros en Tlalmanalco, iniciando la enseñanza católica que transformaría a la comunidad. Con el paso de los años, los naturales fueron bautizados, marcando el inicio de una nueva era religiosa.

Sin embargo, la evangelización no fue un proceso pacífico. A la muerte de Fray Martín de Valencia el 21 de marzo de 1534, Fray Juan de Rivas quedó como guardián del conjunto conventual (1532-1540). Durante su gestión, bautizó a los primeros alcaldes indígenas y les enseñó a leer y escribir. Uno de ellos, Don Juan de Santiago, ya bautizado, pronto tendría conflictos con el fraile, acusándolo de obligar a los naturales a trabajar gratis en la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa.

El siglo XVI: conflictos y crónicas históricas

Fray Bernardino de Sahagún llegó a Tlalmanalco entre 1558 y 1560, no como evangelizador sino como historiador. Los alcaldes indígenas le mostraron códices y le relataron la historia del pueblo, información que utilizaría para su monumental «Historia General de las Cosas de la Nueva España», donde reconoció que los informantes de Tlalmanalco fueron fundamentales para completar su obra.

Otro protagonista clave fue Fray Alonso de Molina, quien en 1565 se desempeñaba como confesor de los originarios. En 1582, el alcalde Don Miguel Sánchez se quejó ante él por el cobro excesivo de tributos. Molina, a diferencia de otros frailes, defendió a los indios contra el alcalde mayor, tomando partido por la población vulnerable.

Siglo XVII: consolidación y pleitos por tierras

Fray Jerónimo de Mendieta fue el cronista que vivió en Tlalmanalco entre 1595 y 1604. En sus escritos describió las elecciones de alcaldes: «Eligen cada año dos alcaldes y sus regidores con mucha solemnidad en el patio de la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa». Mendieta no solo registraba, defendía activamente las tierras comunales de Tlalmanalco contra los hacendados que intentaban despojar a la población originaria.

Años después, Fray Agustín de Vetancur, guardián y cronista (1670), describió en su Teatro Mexicano cómo el alcalde Don Diego Hernández le pidió ayuda contra la Hacienda de Zoquiapan, que les robaba el agua. Estos conflictos reflejan una realidad: mientras los frailes evangelizaban, también se convertían en defensores de los derechos indígenas frente a la explotación española.

Siglo XVIII: crisis, tributos y cambios políticos

El siglo XVIII fue especialmente turbulento. En 1730, el alcalde Don Agustín de la Cruz denunció ante el Arzobispado de México al Fray Manuel Pérez por cobro excesivo de obvenciones en casamientos, bautizos y entierros. El pleito llegó a las más altas autoridades eclesiásticas, evidenciando la corrupción que también afectaba a algunos frailes.

En 1767, Fray José de Castro fue guardián durante el tumulto causado por la expulsión de los jesuitas. El alcalde Don Pascual de San Pedro le reclamó que los frailes no defendían al pueblo ante el Alcalde Mayor, Don José de la Barga. Castro debió mediar entre indios y españoles, una posición incómoda que reflejaba la complejidad política de la época.

Años más tarde, en 1785, Fray Antonio de la Rosa realizó el censo de tributarios junto con el alcalde Don Manuel de los Santos. Ambos firmaron «La Matrícula de Tlalmanalco», que contabilizaba 1,208 habitantes indígenas, un documento clave que registraba la población que seguía siendo explotada por tributos.

Siglo XIX: el final de una era

Fray Ramón de la Concepción fue el último guardián del conjunto conventual (1810-1820), tocándole el privilegio y la desdicha de presenciar el fin de una época. En 1820, Don José Antonio de la Cruz fue el último alcalde de la República de Indios, cuando la Constitución de Cádiz suprimió estas repúblicas de alcaldes indígenas.

En 1821, el conjunto conventual fue entregado al Clero Secular, cerrándose así casi tres siglos de presencia franciscana. La historia de Tlalmanalco entre 1530 y 1820 no es solo la de la evangelización, sino la de una lucha constante entre frailes y autoridades indígenas por defender los derechos, tierras y dignidad de una población que enfrentaba la explotación del sistema colonial español.

Fuente: AGN, Ramo Indios, Vol. 58. Por José Alberto Zea Domínguez, historiador y periodista.

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