La realidad de 200 mil niños con discapacidad en el Estado de México
En el oriente mexiquense, miles de familias enfrentan diariamente las dificultades de criar y educar a niñas y niños con discapacidad. La falta de infraestructura adecuada, programas de inclusión escolar y servicios médicos especializados coloca a este sector en una situación de vulnerabilidad que se traduce en rezago social y educativo.
De acuerdo con cifras oficiales, más de 200 mil menores en el Estado de México viven con algún tipo de discapacidad. Sin embargo, los apoyos gubernamentales y comunitarios resultan insuficientes. Escuelas sin rampas, transporte público inaccesible y escasez de terapias especializadas son parte de la realidad cotidiana que enfrentan estas familias.
Desigualdad en servicios: zonas urbanas contra comunidades periféricas
Organizaciones civiles han denunciado que la mayoría de los programas de asistencia se concentran en zonas urbanas, dejando a comunidades periféricas como Nezahualcóyotl, Chimalhuacán e Ixtapaluca con servicios limitados. «La inclusión no puede ser un discurso, debe ser una práctica diaria», señaló una representante de asociaciones locales.
Especialistas advierten que la falta de atención integral no solo afecta el desarrollo de los menores, sino también la economía y estabilidad emocional de sus familias. La ausencia de políticas públicas sostenidas perpetúa la exclusión y limita las oportunidades de esta población.
¿Qué demandan los padres y madres de familia?
Madres y padres de familia coinciden en que la principal demanda es garantizar educación inclusiva y accesible. «Queremos que nuestros hijos tengan las mismas oportunidades que cualquier otro niño», expresó una madre de Valle de Chalco, resumiendo la aspiración de miles de familias en la región.
Cifras que revelan la carga de los cuidadores
De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, en 2024 el 3.8% de la población de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años tenía discapacidad o alguna enfermedad crónica o temporal que requirió de cuidados. En el país, 761 mil menores con esta condición vivían en 708 mil hogares.
Las personas cuidadoras de esta población dedicaron en promedio 13.8 horas a la semana para vigilar o estar al pendiente de forma presencial. Otras actividades de cuidado incluyen jugar, leer o consolar (4.6 horas semanales), dar de comer o ayudar a hacerlo (4.5 horas), proporcionar terapia o ejercicios (4.3 horas) y apoyar en tareas escolares (3.4 horas).
¿Cómo pasan el tiempo estos menores?
Las niñas, niños y adolescentes de 12 a 17 años con discapacidad o enfermedad crónica que necesitaron cuidados dedicaron nueve horas a la semana para ver películas, telenovelas, series, programas, videos o documentales. Esta cifra refleja tanto el tiempo de entretenimiento como las limitaciones de acceso a actividades culturales.
En actividades de convivencia familiar, dicha población dedicó en promedio 4.4 horas semanales a platicar sobre sus actividades diarias y 4.1 horas a conversar o reunirse con familiares y amistades. El uso de redes sociales representó 8.4 horas semanales en promedio.
Una deuda social que requiere acción inmediata
El reto de atender a la niñez con discapacidad en el Estado de México sigue siendo una deuda social pendiente. La inclusión requiere inversión, voluntad política y un cambio cultural que reconozca la diversidad como parte esencial de la comunidad.
Mientras tanto, el INEGI ha puesto a disposición información estadística sobre esta población en el portal «Cuéntame de México», donde a partir del 30 de abril estará disponible la sección para primero y segundo de primaria, con recursos educativos que complementan la formación escolar de menores.